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Hoy es el primer día de la batalla final – Por: V. Cordero

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DANIEL SALMORAL.- Ya nada volverá a ser igual.  El azote es severo y nos dejará marcados por muchos años, tal vez por varias generaciones.  En mi cuarentena querido lector, recordé un viejo volumen que busqué en mi atiborrada biblioteca y finalmente encontré, “Diario del año de la peste”, es el título de esta novela publicada en 1722  y cuyo autor es el inglés Daniel Defoe, el mismo que inmortalizó al marinero Alexander Selkirk, con el pseudónimo de Robinson Crusoe. Este texto es un buen antídoto para todos aquellos que protestan contra la supuesta rigidez del gobierno y sus medidas preventivas como esta cuarentena obligatoria que acaba de imponer el presidente Alberto Fernández en un acuerdo federal con todas las provincias.

Defoe reconstruye el caos que vivió Londres con la llamada Gran Peste en 1665 y 1666. Aquel horror lo produjo una bacteria (no había antibióticos entonces) llamada Yersinia Pestis, más tarde se la llamó “peste bubónica”. Se transmitía a través de las pulgas de las ratas. Fue uno de los últimos grandes brotes de peste europeos y mató a más de cien mil personas. Le dejo aquí un párrafo de esa novela muy esclarecedor de algo que ocurrió hace más de 300 años: “A menudo he pensado de qué modo, en los comienzos del azote, todo el mundo se hallaba desprevenido y cómo el desorden que siguió, y que habría de cobrarse tantas víctimas, provino, en parte, del hecho de no haber tomado a tiempo las medidas necesarias, tanto en el caso de la administración pública como en el de los particulares. Que las nuevas generaciones reflexionen; les servirá de advertencia y garantía, porque de haberse adoptado las medidas necesarias, y contando con la ayuda de la Providencia, muchas de las víctimas de aquel desastre habrían podido salvarse. He de insistir en este punto.”  Se puede leer completo en la red. Traje a colación este texto porque puede servirnos para reflexionar.

En las grandes pestes que asolaron a la humanidad, la reacción al comienzo fue siempre la misma, escepticismo puro y duro. Y seguimos cometiendo el mismo error y con una actitud entre infantil y estúpida aumentamos el riesgo de contagio y provocamos a que se tengan que tomar medidas cada vez más drásticas. Una vez más los argentinos vuelven a generar una grieta, esta vez  dedicada al coronavirus o Covid19  y su letal avance. Están los que se dan cuenta y los que no se dan cuenta y habría una tercera facción no menor: los que no quieren darse cuenta.  Pese al esfuerzo de los medios de comunicación y las advertencias oficiales, miles y miles de compatriotas desoyeron la instrucción de “quedarse en casa” y se tomaron esta “fiesta” como unas vacaciones y se largaron a los lugares de veraneo como si no pasara nada. Incluso lo intentaron en sitios donde los propios intendentes habían pedido que nadie fuera y ordenaron cerrar todos los servicios y multar a quienes violen cualquier disposición. Incluyo algunos sancionarán económicamente a quienes se atrevan a ir a caminar por la playa. A estos extremos debimos llegar. Ni siquiera nos sensibiliza la situación de España e Italia donde parece no poder controlar el avance del virus. Es conmovedor ver un video de un médico español del hospital estatal La Paz, llorando porque no pueden más, no tienen insumos, no tienen respiradores y están obligados a dejar morir a los ancianos para salvar a los más jóvenes. Sí, tan dura es la situación, tan brutal, tan dramática. Todavía no llegamos a este extremo, pero si no colaboramos todos, llegaremos más tarde o más temprano.  Es lógico pensar que a nadie le gusta tener que estar encerrado diez o más días, pero es una causa de fuerza mayor que entre otras cosas, puede salvarnos la vida. El clima poco a poco se volverá apocalíptico y el miedo crecerá dentro de cada uno de nosotros pero mientras no haya una vacuna o un remedio certero, la mejor medicina es el aislamiento y el que no lo entienda que después no reclame. Obliguémonos a ser creativos, a inventarnos cosas para hacer en casa en familia o solos.

Salgamos únicamente por necesidad alimenticia o sanitaria, de lo contrario no hace falta correr riesgos. Alberto Fernández se dio cuenta y cambió rápidamente su estrategia para combatir el avance del coronavirus. Se puso más duro, más drástico y tomó las medidas que había que tomar según los expertos. Prohibir la libre circulación por las calles y mantener cerrados todos los servicios con excepción de los vinculados a la salud, alimentos y combustible. Será un delito contra la salud transitar sin motivos y si es en auto, el vehículo será secuestrado. Ahora debemos respetar la norma, ser nosotros cancerberos de nosotros mismos. “Hacer caso” como les decimos a los chicos, ser obedientes y respetarnos. Tenemos que entender que lo que está en juego en nuestra propia vida, no es un chiste, no descrean de la gravedad de esta situación porque lo pueden pagar muy, pero muy caro. Hoy empieza la cuarentena obligatoria, cumplámosla a rajatabla y si lo hacemos habremos dado un paso más que importante en la lucha contra este virus que ya ha marcado para siempre este siglo XXI. Hoy s el primer día de la última batalla.

Fuente: La Prensa