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Salta y la nueva Carta Municipal: Los libertarios quieren convertir el turismo en un negocio sin ciudad – Por: Ernesto Bisceglia

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Lamentablemente, donde se busque, ya en el Concejo Deliberante, en las Cámaras o en el Congreso Nacional -¡Ni qué decir en la presidencia!-, los libertarios han dado muestras de lo peligroso que es instalar ignorantes gobernados por la soberbia en los puestos donde es necesaria la inteligencia y el orden mental.

DANIEL SALMORAL.- Salta no es un shopping. Una nueva muestra de que los libertarios sustituyen a la razón por la ideología -y perversa, para colmo-, la encontramos en la redacción de la nueva Carta Municipal para la Ciudad de Salta, donde estos individuos pretenden convertir al turismo en una actividad regulada por San Mercado.

Es comprensible, porque no razonan y no saben. Carecen de toda formación clásica, integral y académica. Monseñor Justo Laguna, nos enseñaba: “La forma de ser culto es leer los diarios”. Esta gente demuestra que su sinapsis se agota en los 45 segundos de un Tik Tok, desde donde sólo pontifican denuncias y montan puestas circenses. Esa carencia de lectura les impide saber, por ejemplo, cómo se gestiona el turismo municipal en otros lugares del mundo. Estas “ideas” de un turismo sin Estado, habitan sólo en sus jibarizadas mentes.

Partamos de afirmar que el turismo no es una actividad económica “espontánea” que florece sola por mera gravitación del mercadoEs una construcción estratégica donde el Estado, sea municipal, provincial o nacional, cumple funciones estructurales que el privado jamás asume completamente porque no son rentables en el corto plazo.

La clave del articulado propuesto por los libertarios se encuentra en esta frase: “(El municipio) actuará de manera complementaria, evitando sustituir la inversión y actividad privadas…”. El sentido de esta frase instala un principio ideológico sumamente peligroso porque aparta al Estado de la actividad turística, subordinándolo a los caprichos del privado y sólo puede intervenir excepcionalmente. En el espíritu de esta frase va el intento de apropiarse de la Ciudad por los privados.

Y este criterio, aplicado al turismo, es delicado, porque el turismo no es únicamente, hoteles, agencias, gastronomía y excursiones.

El turismo, es además, infraestructura urbana, limpieza, seguridad, preservación patrimonial, promoción internacional, conectividad, regulación, control de informalidad, eventos culturales, mantenimiento del espacio público y algo que todavía no se aplica porque parece no comprenderse, es también identidad simbólica de la ciudad.

Esto de la “identidad simbólica de la ciudad”, representa conocer la historia y la cultura de la Ciudad y la Región. Y por lo demostrado hasta ahora por los libertarios, esta gente no parece haber superado la lectura de “Semillitas” de primero inferior (Una antigüedad, pero bueno). Ya lo decía el evangelista, Mateo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:16).

Quieren una ciudad sin Estado y un turismo sin alma

Quede como una máxima operativa: el “producto turístico” es inseparable de la acción estatal. Y para afirmar tal cosa nos basamos en nuestra propia experiencia de haber recorrido pueblos de seis mil habitantes -o menos- en Europa para indagar cómo funciona el turismo municipal allí. En muchísimas ciudades españolas, italianas, francesas o portuguesas, el turismo funciona bajo esquemas mixtos público-privados donde el municipio tiene el rol decisivo aunque exista inversión privada predominante.

La composición es muy simple, el Estado municipal participa en la empresa turística al 51%, y ese 1%, representa justamente el control estatal, porque es el que fija reglas, protege patrimonio, coordina políticas y evita que el turismo se convierta en simple depredación comercial.

Pongamos un ejemplo práctico: ¿Los operadores turísticos privados pondrían dinero para mantener la Basílica Menor de San Francisco, que el tráfico de vehículos deteriora cada tanto? ¿Quién organizaría esa colecta? ¿Cuánto pondría cada uno? Todos publican la foto del templo en sus publicidades para explotarlo, pero repito, ¿pondrían para mantenerlo?

Porque cuando el Estado se retira demasiado, aparece ese deterioro urbano, la informalidad, el llamado “turismo basura”, la precarización laboral, la concentración económica, la privatización del espacio público y la pérdida de identidad cultural.

Los que redactaron esto, son en un “95% delincuentes”

Ningún libertario se asuste o moleste por la generalización; estoy utilizando “lenguaje oficial”, presidencial incluso, una cita propia del presidente, Javier Milei, para estigmatizar al boleo a los periodistas, por ejemplo. Es lenguaje típicamente libertario.

Luego, en la redacción de articulado puesto a discusión, descubrimos lenguaje típicamente libertario:

“libre iniciativa”, “competencia leal”, “minimizar cargas administrativas”, “evitar sustituir inversión privada”. Estos conceptos trasladados al turismo lo convierten en una lógica puramente mercantil. Y si una actividad tiene una base humana básica, ésa es el turismo.

Se expone así el peligro de tener gente mediocre jugando a legislar sobre la Ciudad -la provincia o la Nación-, porque el turismo moderno no funciona así. Ni siquiera en países ultracapitalistas.

Citemos, por ejemplo a ciudades de alto perfil turístico como París, Barcelona, Roma, Venecia o Amsterdam; todas estas tienen una fortísima regulación estatal justamente porque el mercado turístico sin control destruye a la ciudad que explota.

Entonces, conceptualmente,  esta gavilla de improvisados, confunden libertad económica con abandono estatal. O aún peor, al turismo con una feria privada cuando es fundamentalmente una POLÍTICA PÚBLICA. De allí que hallemos una contradicción interesante, porque pretenden promover el turismo, pero simultáneamente limitan la capacidad municipal para intervenir estructuralmente. Es como querer dirigir una orquesta prohibiéndole al director usar la batuta.

El día en que el Estado municipal se limitara a ser ‘complementario’, la Ciudad dejaría de pensarse como comunidad y pasaría a administrarse como un shopping.

Por fin, humildemente, me permito aportarles una cuestión política fina: No es necesario defender a un Estado empresario, sino defender algo mucho más razonable y moderno: Un Estado estratégico más la participación de la inversión privada.

Lógicamente, para que esto último se convierta en una fórmula turística exitosa, es imprescindible contar con funcionarios públicos en el área que hayan hecho por lo menos aquello que citamos “ut supra” que aconsejaba Monseñor Laguna: “Por lo menos, leer los diarios”.

En alguna nota anterior ya supe citar una frase que forma parte del ideario clásico y nos advierte del peligro de estar manejos por irresueltos culturales: “Al bruto dadle un arma y hará una guerra; pero no le deis una pluma, porque os convertirá en brutos”.

Fuente: Ernestobisceglia.com.ar