DANIEL SALMORAL.- Debemos a Tucídides, autor de la “Guerra del Peloponeso” la descripción de la “peste” de la que el mismo cayo enfermo y llegó a curarse.
“El contagio hace que las personas se aíslen unas de otras, lo más seguro es no acercarse demasiado a nadie, algunos huyen de la ciudad, otros se encierran en sus casas y no dejan entrar a nadie. Mantenerse a distancia se convierte en el último recurso, los sanos se mantienen lejos de todos, incluso de sus padres, de su familia y sus hijos y aquellas personas dice Tucídides, se sentían privilegiadas por su curación al punto de creer que nunca más perecerían de enfermedad alguna”.
No hacia otra cosa que anunciar la doble regla de cumplimiento obligatorio hoy vigente que dispone la humanidad como profilaxis: distancia y encierro. Nihil nuevo sub sole (nada nuevo bajo el sol).
Los romanos nos hablan de la “Fiebre”, lo que después fue el paludismo y se producía generalmente en el mes de febrero, de allí deriva el nombre del mes “Febrero”, es decir el mes de las fiebres.
Durante el siglo X, la horrible peste del “fuego ardiente” hizo pensar junto a las hambrunas y las guerras en el fin del mundo y la gente donaba a los conventos sus bienes. Se conoció ese tiempo como los “Temores del Milenario”. Hoy la peste, las “infirmates” de los romanos (enfermedades), se convierten en súbitas pandemias como consecuencia de la globalización por que el espacio se encoge, el tiempo se abrevia y la historia se acelera, la necesidad de una vacuna se hace una necesidad perentoria. Mientras esto no ocurra, la receta de Tucídides encierro más distancia, a lo que se agrega agua y jabón, no hace mas que confirmar la vigencia de la fórmula magistral del general griego.
En su origen la palabra economía significaba administración de la casa y determina la progresión analógica más allá de sus límites domésticos y designa el conjunto de prácticas y dispositivos que el médico debe llevar a cabo con su paciente, también significa mantener las necesidades de la vida, “nutrir”.
Hoy se ha instalado en la sociedad contemporánea uno de los tantos y engañosos viceversas entre salud y economía, no hay tal antinomia, paradoja o viceversa. Examinemos el alcance y valor de los conceptos que por ser valores tienen escala, prioridades que se alternan y completan.
Además, los valores de tener cualidad positiva y negativa(abundante vs escaso), valores útiles o (sano vs enfermo), valores vitales, están entre ellos la prioridad en su aplicación, dominada por el sentido de oportunidad.
Si bien el Presidente de la Nación hasta hace un par de días puso el acento en la disyunción salud y economía en el primer bien, ahora lanza un plan de construcción de viviendas y aparece sin barbijo.
El hombre y la mujer no solo pueden morir infectados por el virus, sino también de hambre.
Entre los jinetes del apocalipsis en sendas cabalgaduras galopan a la par el hambre y la peste.
La economía es conocida por todos como la “ciencia de la escases”. Para los fisiócratas, primera escuela de economía de la modernidad, la entendía como la aplicación del orden natural aplicado a la sociedad, guiado todo por la mano invisible del mercado, concepto teológico llevado al football por Maradona cuando al hacer un celebrado gol, habla de la mano de Dios.
Adam Smith, padre de la economía moderna vió en la riqueza la razón de ser de la economía y tituló su obra “De la Riqueza de las Naciones”.
A la idea de un designio divino originario, otro inglés David Hume, contrapone el de un principio que funciona más bien como un “vientre” que como un cerebro y se pregunta ¿Por qué un sistema ordenado no puede ser tejido por un vientre antes que por un cerebro?. Ciertamente, el contraste fisiológico llevado a la ciencia económica es grande, pero la metáfora resulta atrayente.
Para la economía resultaría más eficaz, las llamadas indicadoras del “clamor gástrico” y el silbido de las tripas que todas las especulaciones teóricas hasta hoy analizadas por los economistas y de paso cobra vigor el doble aforismo popular: la economía es la ciencia de la escasez y a panza llena corazón contento. Y solo acudir al médico cuando pase la peste y la misiadura y nos quejemos de lleno y la gastrología sea denunciada por un estómago arrepentido.
Cerebro y vientre no son más que dos caras de una misma moneda. El caso es que por no tener moneda, ni presupuesto, ni plan económico, con un poder legislativo cojitranco, una justicia paralítica, mansueta y en franca feria, todos es emergencia y en consecuencia la imprevisibilidad es la regla.
*El autor es abogado – diputado provincial (MC)
Fuente: danielsalmoral.com.ar





