El salteño de campo tiene un dicho proverbial: “de vuelta la mula al máiz”. En el ganado mular predomina la memoria asinina sobre la caballar y en consecuencia así piensa.
“Hemos venido para ser mejores” anunció el actual Presidente al sumir. Resulta de tener más en cuenta el proverbio español: “Los Borbones nada aprenden y nada olvidan”, es decir: son improgresivos.
Siendo Presidenta Cristina creó en su momento el “Observatorio para la Opinión Pública”, hoy reincide en el propósito, siempre recurrente (“nihil novum sub sole”, nada nuevo bajo el sol). “contra la discriminación”, es la invitación que hizo entonces la Presidenta, iniciativa a la que describió como una “tarea de vigilancia” sobre la prensa.
El término observatorio es definido como “posición que sirve para hacer observaciones meteorológicas o astronómicas».
En este caso las observaciones mo están dedicadas a anunciar los cambios climáticos ni a describir la aburrida repetición de las leyes de la mecánica celeste, ni siquiera a anunciar el ocasional vagabundeo de los planetas (paseantes sin itinerario fijo), que esto significa planeta.
La pupila del observador se detiene cuidadosa en las opiniones de la prensa, que primero interpreta y después analiza. Es el ojo del Estado que, con mirada única, evoca en el mito de la Odisea al cíclope Polifemo, irremediable tuerto y desconfiado, o también recuerda la prolijidad inquisitorial del teólogo que, con su exégesis casuísitca, clasificaba opiniones y libros que cuando no coincidían con el dogma, los remitía al Índex y a sus autores a las hogueras.
Es precisamente entonces cuando asoman los primeros humos de la censura, que son humos de intolerancia y no de incienso.
Al medio, entre la libertad y el miedo, el Observatorio propuesto se ubica como metáfora discreta para invadir lo que la Constitución garantiza como invulnerable mandato: la libertad de expresión y su necesaria consecuencia: la libertad de expresarlo.
“Para mí, todas las constituciones habidas y por haber se pueden reducir a un solo artículo” –sostiene el ensayista español Pérez de Ayala- y agrega: “en ningún caso ni circunstancia alguna, por grave que se estime, será mermada y menos suprimida la libertad de opiniones emitidas por la letra impresa” Habría que añadir oral o televisiva, y ahora redes sociales.
El Observatorio no hace más que identificar el orden público con el supuesto prestigio del gobernante, cosa que significaría otorgar un bill de indemnidad al gobierno para proteger o enmascarar sus errores.
Más grave resulta aún dejar librada la responsabilidad al anónimo burócrata que, por el origen de su designación y destino, se ve compelido a cumplir con órdenes superiores.
“Aunque la eficacia de la censura.
*El autor es abogado – diputado provincial UCR (MC)
Fuente: danielsalmoral.com.ar





