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Elecciones legislativas: otra oportunidad para terminar con la crisis de representatividad – Por: Daniel Salmoral

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Desde hace décadas, los ámbitos legislativos fueron perdiendo la confianza y el respeto ciudadano. Ahora, ante un nuevo desafío electoral, podría ser la oportunidad para empezar a recuperar la consideración perdida.

DANIEL SALMORAL.- «Cuando veas que tu enemigo se está equivocando, no lo interrumpas», decía Napoleón Bonaparte cuando alguno de sus generales le pedía un consejo para ganar la batalla.

Lo mismo se puede aplicar a la política y no hay dudas que ese será uno de los consejos más valorados por los candidatos, en esta campaña política que está cerca de comenzar.

Aún cuando recién en Febrero iniciará el cronograma electoral, ya se van viendo los aprestos de una marcha hacia las urnas que promete ser intensa, áspera y cargada de zancadillas y golpes bajos, entre los/as aspirantes a ocupar las bancas electorales provinciales y municipales que estarán en juego en primer término en el mes de Mayo de este 2025.

Para la ciudadanía, luego de un año difícil, las malas prácticas por parte de los políticos no solo ejecutivos sino también legislativos, sería el golpe menos deseado que esperarían recibir de quienes, se supone, deben resolver sus problemas y hacer sus vidas diarias más llevaderas.

«Sería pedirle peras al olmo», diría un viejo dirigente conocedor de aquello que dice que en «la política como en el amor, todo es válido», por lo tanto las prácticas «menos decentes» serán las que afloren más temprano que tarde.

Lo visto en el comienzo de este año no es alentador para los ciudadanos, que ya vienen rechazando todo lo que tenga que ver con el tema electoral.

La causa que investiga la Fiscalía de Ciberdelitos por «intimidación pública» y que tiene como imputados a un diputado nacional del kirchnerismo y a tres empleados suyos en el Congreso Nacional por crear «fake news» contra el gobernador Gustavo Sáenz y dirigentes del PJ salteño, es probable que se convierta en un boomerang para quien lo montó pero anticipa una campaña política cargada de agravios y carente de propuestas, lo que terminará ahuyentando a votantes quienes, por lo general, ya son reacios a sufragar en las elecciones de medio término y estas cuestiones, propias de la «política sucia», con certeza los ahuyentará más.

De todas maneras y más allá de esto, todos los frentes electorales tendrían que mejorar su oferta de candidatos ya que se van conociendo nombres, en todos los sectores, que no despiertan interés en una sociedad cansada de los mismos rostros, los discursos vacíos y las descalificaciones a los adversarios, en la creencia que de esa manera aumentan sus chances de ser elegidos.

El hecho que no haya PASO en la provincia, debería obligar a los partidos y frentes o alianzas que vayan a conformarse, a realizar una atenta selección de nombres para evitar así que quienes lleguen a las boletas electorales del sistema electrónico, sean titulares de prontuarios y no de currículum como ya ocurrió, y puso a más de un recinto legislativo en situación complicada.

Por ahora teniendo a las redes sociales como base de operaciones, no son pocos los que asoman y dejan ver su intención de acceder a las bancas que estarán en juego, sabiendo que para que eso ocurra primero tendrán que pasar el tamiz que se montará en las tiendas partidarias y luego en los bunker frentistas, para recién aspirar a la consideración ciudadana definitiva.

Algunos de ellos por estos días, buscan recorrer el escaso espinel de programas políticos en radios, televisión y diarios web que se encuentran activos en este vacacional mes de enero, y allí en vez de hablar de lo que harían si llegan, tiran basura a otros, inclusive a aquellos que se sabe recién saltarán a la arena política para la campaña legislativa nacional en Octubre.

«A quienes pululan por programas en estos días, les importa un pito que los escuche la gente de pie. Hablan y gesticulan a lo loco con la esperanza que los vean, escuchen o lean sus jefes políticos, pero se olvidan que la mayoría de los que deciden lo que menos hacen ahora es ocuparse de esas cuestiones», comentó un operador técnico de medios cuando se le preguntó si aparecían posibles candidatos en estos días.

De todas maneras, quienes tienen la idea fija de una banca legislativa en su futuro mediato, sea la que sea, ya están en la tarea de armar sus equipos de campaña donde la prioridad está en elegir bien a los «tictoqueros», que serán la principal herramienta para llegar a los votantes.

«Adónde quedaron las caminatas»?, se preguntaba una dirigente de base que extraña lo que hasta no hace mucho tiempo eran las invasiones a las calles de barrios y villas, de verdaderos ejércitos de candidatos y acompañantes que de esa manera buscaban arrimar apoyos en las urnas.

En estos tiempos, eso pasó a un segundo plano porque la tecnología reemplazó lo que algunos llamaban «la tracción a sangre de las campañas políticas».

«Si no estás en las redes no existís», es la frase que desde hace rato se escucha en los reñideros políticos, por eso todos buscarán no quedar marginados de la nueva herramienta electoral.

Pero hay una cuestión: quienes lleguen finalmente a las bancas, serán genuinos representantes de la ciudadanía toda?

Esa es la pregunta que necesariamente deberían hacerse en todos los tinglados políticos, para que a la hora de elegir o nominar a quienes llevarán esa responsabilidad se tenga en cuenta este reclamo social cada vez más presente.

Epilogo

A comienzos de la democracia recuperada, el acceder a un escaño legislativo significaba un alto honor ciudadano.

A medida que pasó el tiempo, quienes poblaron los recintos fueron cada vez menos representativos de la necesidad de los hombres y mujeres de carne y hueso.

Allí comenzó a aflorar la crisis de representatividad que, con el pasar de las décadas, se fue acentuando cada vez más, provocando una de las mayores razones para la apatía ciudadana en la política.

Hoy en las bancas, la mayor preocupación que tienen buena parte de sus ocupantes no es legislar para resolver los problemas cotidianos de todos, sino satisfacer los requerimientos de sus jefes políticos que, sin pedirlo, obtienen sumisa subordinación de la mayoría o la totalidad de ellos.

«La política en una carrera de honores», decían los profesores de «instrucción cívica» en los colegios secundarios de la década de los ‘70, advirtiendo a aquellos estudiantes que se inclinaran por esa actividad en la vida, deberían prepararse a fin de honrar la esencia de la política y el sistema democrático.

Las circunstancias políticas que vivió el país desde aquellos tiempos, desvirtuó aquel principio convirtiendo los lugares de debate parlamentario en simples «aguantaderos» para zafar del castigo judicial, que ante actos de corrupción que llevaron adelante muchos de ellos, buscaron para quedar amparados en la impunidad.

Ante un nuevo escenario de elección de medio término, como también se le dice a los comicios para legisladores, sería una buena oportunidad para volver a jerarquizar los territorios donde, en verdad, se debería honorificar y dignificar a la política, y no lugares para aprovechar equivocaciones ajenas como indicaba Napoleón Bonaparte.