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Elecciones legislativas: ¿Llega la hora de terminar con piratas y bucaneros? – Por: Daniel Salmoral

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DANIEL SALMORAL.- Pasada la celebración de Semana Santa, los salteños nos deberemos involucrar de lleno en el proceso electoral que culminará, si la pandemia no obliga a otra cosa, el 4 de julio venidero con los comicios generales que servirán para renovar las bancas legislativas provinciales y municipales, a la vez que también ese día, se deberá elegir al intendente de Aguaray que deberá completar por dos años el mandato del destituido intendente, Enrique Prado, más los 60 convencionales que tendrán la tarea de reformar la Constitución de la Provincia.

Ya sin las PASO en escena, las elecciones generales serán un camino directo para elegir a los hombres y mujeres que deberán reemplazar a quienes cumplen su mandato en Diputados y Senadores y a los ediles de los 60 municipios, por lo que ahora la responsabilidad de quienes sean los que lleguen a esos escaños será decisión, primaria, porque la definitiva la tendrán los ciudadanos con su voto, de los partidos políticos, cosa que en los últimos tiempos estuvo ausente porque las PASO le abrían la puerta, sin otro filtro, a los nombres que finalmente aparecían en las boletas electrónicas.

Sin las Primarias, ahora deberán ser los partidos quienes hagan la selección de los candidatos y en la mayoría de las fuerzas políticas ese tema se definirá sin la participación directa de sus afiliados, porque no habrá elecciones internas.

En algunos casos serán las Comisiones de Acción Política; en otros, las convenciones o asambleas partidarias, y en la mayoría de los casos será el famoso «dedo» de los mandamaces partidarios quienes terminen eligiendo a los candidatos que luego deberán buscar su espacio dentro de los frentes electorales que se conformen.

Si bien el trámite no es el ideal porque priva a los afiliados de expresarse democráticamente eligiendo a sus representantes, la forma obligará a quienes conducen las agrupaciones políticas a esmerarse a la hora de elegir nombres, para así evitar situaciones complicadas y hasta vergonzosas que se vieron en los últimos tiempos en Salta y que muestran cómo varios de los que llegaron a las bancas legislativas, sólo se representan a si mismos, otros no cuentan con la preparación necesaria para ser legislador, algunos otros cayeron en transfuguismos obscenos o lo que es peor, uno de ellos, accedió a una banca comunal sabiendo que tarde o temprano la Justicia lo terminaría eyectando porque tenía causas pendientes y una condena lo alcanzaría.

Eso ha pasado en este último tiempo, por eso ahora los partidos políticos deberán contraer el compromiso absoluto, ante la ciudadanía toda, de velar para que a las bancas que se elegirán en julio lleguen los mejores hombres y mujeres de cada espacio y no los aventureros/as que se «tiran un lance» y usan a los partidos y al sistema democrático como un trampolín para su propio beneficio.

No se puede seguir premiando con bancas a gente que en verdad no representa a nadie y encima se vanagloria de hacerlo sin sentir el más mínimo remordimiento.

En el caso de los que irán para convencionales, sería saludable que a quienes proponga cada sector político, sepan por lo menos de qué se trata para que eleven el debate en la convención constituyente y no sean simples «levantamanos» que se preocupen más por quedar bien con su jefe político que por aportar ideas de peso a la reforma.

Finalmente, los nombres de los propuestos deberán ser analizados por los ciudadanos a la hora de emitir el voto para así aislar a los oportunistas, «buscapinas» y delincuentes de los recintos legislativos, sean del partido que sea y vengan de donde vengan.

Será la única forma de terminar con tantos vivillos/as que se quedan con los sillones parlamentarios que, en verdad, exigen que cada uno/a que la alcance, responda a ética, idoneidad y honestidad como valores esenciales después de alcanzar el alto honor de representar a sus conciudadanos.

Esta elección que llega, ¿no será la oportunidad y el momento para hacerlo?.

Debería ser así porque de lo contrario, ser legislador/a habrá dejado de ser una carrera de méritos para convertirse en un campo fértil para la llegada no de los/as más capaces, sino de temerarios piratas y bucaneros.