DANIEL SALMORAL.- El coronavirus nos impone actuar con coraje, con sabiduría y sin esperar soluciones mágicas. Y, mucho menos, en decisiones que graven la grieta. A Dios rogando y con el mazo dando.
Aquellos que peinamos canas y además tenemos la obligación pública de mirar más allá de las coyunturas, sabemos que lamentablemente la crisis no habrá terminado con el fin o control de esta la pandemia.
Lo que seguirá al día después será el inicio de una etapa que de ninguna manera debe ser tomada a la ligera, y me refiero a la recuperación de daños o volver a la normalidad, no sólo en lo que hace a la vida social y tránsito de la población, sino también a la compleja tarea de recuperar el funcionamiento y puesta en marcha de la economía.
¿Por dónde empezamos?
Cada persona que piense en la misma pregunta seguramente tendrá, desde su óptica, una respuesta particular: «empezar por los más desprotegidos»; «por el sector productivo», «por las arcas del estado», etc.
Desde la óptica del sector político, lamentablemente se mira con buenos ojos la creación de un impuesto a los «sumamente ricos», y por tal motivo se pretende re instalar en la opinión pública la división de los argentinos. Nuevamente debo decir que aquellos que peinamos canas, y además tenemos la obligación pública de mirar más allá de las coyunturas, ya sabemos que esto es un error fatal y una vía de destrucción del sistema productivo nacional.
El político argentino promedio adopta conductas para seducir votantes que se orientan a crear odio hacia las empresas y empresarios.
El sistema tributario argentino es confiscatorio y, en algunos casos, constituye un verdadero despojo conspirando contra las instituciones y principios consagrados en nuestra Constitución.
Entonces ¿por dónde empezamos? Primero comenzaremos a mejorar si los políticos intentan ponerse a la altura de los ciudadanos antes de pedir esfuerzos que ellos no están dispuestos a realizar.
Segundo, se tendrá que generar confianza para que los empresarios pequeños, medianos y grandes, decidan reactivar sus empresas o crear nuevas, es decir necesitamos que nuestro país resulte seguro para invertir.
Eso será materialmente imposible si una dirigencia política trasnochada y con pensamientos alucinados, imponen el criterio de perseguir con impuestos a aquel que intente realizar cualquier inversión.
En lo que a Salta se refiere, considero que deberemos realizar unos pasos extras para emprender la salida de la crisis y la vuelta a andar de la economía.
Y esos pasos deben darse en el camino de la institucionalidad, que es un exigente, pero obligatorio sendero que debemos transitar, y él único que nos llevará a alcanzar la credibilidad en la administración del estado y la seguridad jurídica que todos los salteños de bien anhelamos. Aquí no hay atajos!
Por otro lado, conocer la realidad del presente económico nos ayudará a delimitar las condiciones mínimas de cualquier camino que desee trazarse desde el ámbito de las políticas públicas. Acá tampoco hay atajos!
La producción agropecuaria ha sufrido en buena medida los efectos de la pandemia, pero, dada su naturaleza, con algunos incentivos en el plazo de una cosecha, seis meses en promedio, podría recuperar en gran medida el nivel de actividad anterior.
El sector tabacalero finalizó la cosecha, pero aún no ha sido posible acordar un precio para el producto, que ya fue comercializado.
Desde 2005 hasta el presente se ha perdido más del 30% del volumen de producción con el consiguiente efecto negativo en el empleo y recaudación tributaria. En esta actividad es necesario que se replantee el modelo productivo perjudicial adoptado por la dirigencia del sector con el apoyo del gobierno.
En cuanto la producción de granos, está empezando la cosecha, los rindes no han de ser buenos como consecuencia de que el clima no fue óptimo, pero a su vez el accionar del Estado, con su impronta populista de saqueo a los productores, al aumentar los derechos de exportación condicionará la decisión para la próxima campaña.
Además, llegado el caso de que finalmente se apruebe el impuesto sobre las «grandes fortunas», habrá un impacto doble a mediano plazo, las inversiones se van a retirar por falta de confianza, y los que no se retiren, encontrarán un mecanismo de transferir el mayor costo fiscal al consumidor.
El mercado financiero debe realizar su aporte, lo dicho no implica que deba perder, debe racionalizar el precio de sus servicios, de no hacer ello en lugar de ayudar a la recuperación será un obstáculo para ella y será el causante de la desaparición por quiebra de muchas empresas, «si la tasa de interés es muy elevada se transforma en un mecanismo perverso de transferencia de riqueza desde el sector productivo al sector financiero».
Si esto ocurre en la Argentina es porque desde el poder político se alienta a ello.
Si bien es cierto que el gobierno nacional ha dictado algunas medidas para disminuir los efectos del parate de la economía, falta que algunas sean reglamentadas, por lo que desde la provincia no están actuando con la premura necesaria para que los salteños reciban los beneficios de tales medidas.
Además, todo plan deberá contemplar medidas de contención del gasto, porque si la Provincia continúa gastando sin control alguno, el futuro no es promisorio.
Finalmente es necesario recuperar el prestigio y la credibilidad en el sistema político, y esto no será posible si las autoridades de la provincia miran para otro lado cuando se trata de corrupción.
Como dije anteriormente, se debe fortalecer la institucionalidad y en este marco desde el gobierno provincial se hace poco.
*Carlos Zapata es Contador Público Nacional – Diputado Provincial
Fuente: El Tribuno





