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Del infierno al paraíso – Por: Nelson Castro

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Con el affaire Pettovello, el último fin de semana marcó el peor momento de Milei. Pero, como un cuento de hadas, todo cambió.

DANIEL SALMORAL.- En términos políticos la semana que pasó dejó un resultado claro: hubo un ganador: Javier Milei; y hubo una derrotada: Cristina Fernández de Kirchner.

Para el oficialismo todo fue como pasar del infierno al paraíso. El último fin de semana marcó el peor momento para Javier Milei desde que asumió, hace apenas seis meses y seis días. La crisis desatada por el tema de la falta de distribución de los alimentos destinados a los comedores comunitarios en los que come la creciente cantidad de pobres que pueblan la Argentina generó un verdadero tembladeral dentro del Gobierno. Las renuncias que se sucedieron a la manera de las fichas de un dominó en la cartera que encabeza Sandra Pettovello dieron una idea exacta de la magnitud de la crisis en ese ministerio multiforme.

Es verdad que hay quienes quieren sacársela de encima tal como ella lo expresó en la conversación que mantuvo con un grupo de youtubers afines que se difundió el viernes pasado. Lo que debería advertir la superministra es que el origen de sus problemas está en sus errores de gestión, de los  que se aprovechan sus adversarios dentro del Poder Ejecutivo, con quienes su relación es decididamente mala. ¿Celos? Puede ser. Pero a estas alturas ya todos deberían conocer el sistema de premios y castigos que impera en La Libertad Avanza. De eso y mucho más se habló en la extensa reunión que mantuvo el Presidente en la quinta de Olivos el martes, día en que la ausencia de la ministra en la reunión de gabinete disparó mil y un rumores.

Pero como si fuera un cuento de hadas, todo este panorama de incertidumbre cambió entre el miércoles y el jueves. El martes el gobierno de China le renovó a la Argentina el swap con el que necesitan nutrirse aún las magras reservas que alimentan las todavía maltrechas reservas del Banco Central. El miércoles, se convirtió en ley el proyecto “Bases y Punto de Partida para la Libertad de los Argentinos”. Y el jueves se conoció el índice de inflación que sorprendió aun a los más optimistas dentro del oficialismo. En efecto, el 4,2% fue una sorpresa para todos.

Milei necesitaba sí o sí que el proyecto de ley fuera aprobado. La respuesta de los mercados se lo hizo saber con puntos y comas: las acciones de las empresas argentinas que volaron en Wall Street, la caída del dólar blue y la caída del riesgo país.

Milei no solo necesitaba la ley, sino también esta victoria política en el Congreso

La tortuosa trastienda de las febriles negociaciones, que se prolongaron a lo largo de las horas previas al debate y durante su transcurso, exigió y puso a prueba las dotes negociadoras del flamante jefe de Gabinete, Guillermo Francos.

El Presidente le debe mucho. Hubo sutilezas que ocurrieron durante la larga sesión que fueron producto de su muñeca política. Estas son enseñanzas que el complejo proceso de esta ley le deja al Presidente. La primera fue el grosero error de pensar que un megaproyecto como lo era el proyecto primigenio podía ser aprobado sin cambios. Para esto hubiera necesitado tener un nivel de mayorías en ambas cámaras del que hoy carece. La segunda enseñanza es el valor y la vigencia de la negociación política, que no es una práctica espuria, siempre y cuando se haga con transparencia. Milei tendrá que acostumbrarse a esto. No se puede condenar a todos por igual.

Hubo dos gobernadores que quedaron claramente desairados y descolocados: uno fue el de Catamarca, Raúl Jalil, y el otro, el de Tucumán, Osvaldo Jaldo. Ninguno de los dos pudo convencer a sus senadores de apartarse del voto opositor que sostuvo y trató de imponer el bloque de Unión por la Patria.

Cristina Fernández de Kirchner fue la gran derrotada del miércoles. La expresidenta vio en la confrontación contra el proyecto de Milei una gran oportunidad para reganar su alicaído poder dentro de esa estructura pleomorfa que es hoy en día el Partido Justicialista. Su esfuerzo ingente no alcanzó. Tampoco le alcanzaron la onerosa movilización del aparato de los intendentes peronistas del Conurbano ni la que encabezaron Pablo Moyano y compañía, ni los intentos de suspender la sesión pergeñados por los senadores de UxP, ni el descontrol de los vándalos, que buscaban impedir con su descontrol premeditado que el Senado sesionara. No llamó la atención que el kirchnerismo haya convalidado este accionar. Ya había ocurrido algo similar durante aquella sesión legislativa del 14 de  diciembre de 2017, cuando la violencia se enseñoreó en la Plaza del Congreso cuando se trató el proyecto de ley de reforma del cálculo de los aumentos jubilatorios en los que se arrojaron 14 toneladas de piedras a las fuerzas policiales.

Una derrota de Milei hubiera significado un fuerte golpe a la gobernabilidad

Javier Milei necesitaba desesperadamente no solo la aprobación de la ley, sino también esta victoria política en el Congreso. Una derrota hubiera significado un golpe muy fuerte contra la gobernabilidad porque lo habría dejado sin el sustento legal de las reformas que forman parte de sus proyectos. Los proyectos de obras en minería, energía e infraestructura que están en ciernes dependían absolutamente de lo que pasó en el Senado. Serán en esos sectores en los que vengan las primeras inversiones de gran porte. Son obras de las que además el país tiene una enorme necesidad.

Ya obtenida la ley, comienza ahora para Milei un desafío clave: la gestión. Para ello será necesario que conforme un gabinete más homogéneo y de mejor funcionamiento. El viernes a la tarde renunció el secretario de Política Económica, Joaquín Cottani, que era el número dos de Luis Caputo. A Cottani le habían caído mal las descalificaciones que a su mentor, Domingo Cavallo, le dedicó el Presidente en un ataque de disgusto y furia. También hubo renuncias en el Banco Central. La partida del director Agustín Pesce descolocó a más de uno.

El Gobierno –mejor dicho sus funcionarios– necesita que se termine el sube y baja permanente que atraviesa todos los rincones de la gestión. El Presidente debe respaldar a sus funcionarios –no solo a sus amigos– para que de una vez por todas puedan conformar un equipo estable dedicado a la ardua tarea de gobernar.

Fuente: Perfil