DANIEL SALMORAL.- No fueron los más 90 mil muertos, ni el pedido, en realidad un ruego, de miles de padres de chicos menores de 18 años con comorbilidades serias y con riesgo de caer en las garras del coronavirus, los que obligaron al gobierno nacional a dar marcha atrás y dictar otro DNU (decreto de necesidad y urgencia), que autoriza la adquisición de las vacunas más prestigiosas y reconocidas por su efectivad contra el Covid-19 en el mundo: Pfizer; Moderna y Janssen, para que así pudieran llegar al país y buscar frenar la terrible cantidad de contagios y sobre todo de muertes a las que el país se vio expuesto de manera diaria en los últimos tiempos.
En verdad, lo que preocupó sobre manera, demasiado en realidad, a Alberto, pero en verdad y sobre todo a Cristina, fueron los números que arrojaron varias encuestas de consultoras importantes, quienes les indicaron que el rechazo al manejo de la pandemia empieza a poner en serio riesgo las chances electorales del oficialismo en los comicios de medio término previstos, después de haberlos postergado, para setiembre en las PASO y noviembre en las generales.
La estrategia pergeñada por los ineptos funcionarios políticos del gobierno «nac&pop», comenzó a mostrar fisuras y dejó al descubierto que retrasar las elecciones no era suficiente, ya que si se seguía con la expectativa de esperar el arribo de las vacunas rusas y chinas, las únicas prácticamente a las que el gobierno apostó para controlar al virus no alcanzaría, y las muertes se seguirían acumulando y las chances de ganar las elecciones se alejarían cada vez más.
Esta y no la falsa preocupación presidencial de «salvar la vida de los argentinos», fueron las razones por las cuales este fin de semana que pasó, apareció rápidamente el instrumento legal que autoriza y acelera la negociación para que las dosis puedan llegar.
Esto hecho que implica una gravedad extrema por parte de quien se supone debe hacer lo posible y lo imposible para salvar la vida de la gente, demuestra hasta donde este gobierno es capaz de llegar y cuáles son las cosas que en verdad le interesa.
Con una pandemia descontrolada, al igual que la inflación y por ende la economía; con un aumento obsceno en los indicadores de pobreza e indigencia; con un incremento nunca antes visto de la inseguridad y la violencia extrema que lleva a que cientos de argentinos /as pierdan la vida diariamente a manos de delincuentes pasados de droga, la gestión de gobierno de Alberto Fernández, cada vez más diluida y que muestra que en verdad quien manda y gobierna es la vicepresidenta Cristina Kirchner desde el Instituto Patria, deja ver que el país atraviesa uno de sus períodos más oscuros e inciertos desde la democracia recuperada en 1983.
El primer mandatario, con sus errores «no forzados» que lo deja mal parado tanto adentro como afuera del país, colabora para que las encuestas, de las cuales está pendiente, le indique que algo tendrá que cambiar si no quiere perder los comicios legislativos de este 2021, y acelerar así su salida anticipada del sillón presidencial, algo que ya en los círculos más duros del kirchnerismo se comienza a evaluar cada vez con menor disimulo.
Aunque nadie lo reconocerá públicamente, es sabido que no son pocos los que pululan por «El Patria», para muchos la verdadera sede del poder gubernamental, para decirle a la viuda de Kirchner «que algo hay que hacer con Alberto» porque sino todo el proyecto de poder, que se ilusionan será para los próximos 20 años, puede volar por los aires.
Los serias contradicciones en materia de política financiera internacional que exhibe a Argentina ante los organismos financieros internacionales y los gobierno de Europa y Norteamérica, muestran a las claras que el país hay una conducción bicéfala, aunque más se inclinan a pensar que en realidad quien tiene la palabra final, es la vicepresidenta.
«Lo que hizo Carlos Raimundi (embajador argentino ante la OEA) con el tema Nicaragua y el dictador Daniel Ortega, denota que en realidad él le responde a Cristina y a los postulados de La Cámpora en materia de política exterior y no al Presidente, que es lo que en realidad debería ser», es lo que afirman, con fundamento, analistas reconocidos de política mundial.
Además de estos indicadores, existen otros, más domésticos, dicen algunos observadores minuciosos, que hacen ver que cada hora que pasa el poder presidencial muta, como el virus, y migra hacia otras manos.
«La decisión de poner fin al papelón de las vacunas fue de Cristina, harta ya de ver que los funcionarios que rodean a Alberto y que él defiende, son incapaces de solucionar un tema central para las elecciones porque si la gente no se vacuna, la terminará culpando a ella y en verdad no es su culpa. Cristina hace rato ya que dijo que este gobierno tiene funcionarios que no funcionan, por eso cansada de ver tanta inoperancia dio la orden de sacar el DNU y traer esas putas vacunas de una vez», le dijo a este Portal un dirigente K de la provincia, que durante la semana recorre despachos oficiales y oficinas en la sede cristinista, y sábados y domingos, si puede, vuelve a Salta en busca de sosiego.
Así las cosas, ahora, ya con el DNU vivo, queda esperar que «lluevan» vacunas y la pandemia baje sus números escandalosos, pero nada ni nadie podrá devolverle ya la vida a miles de hombres y mujeres de este país que no deberían haber muerto, si esta simple decisión se hubiera tomado varios meses antes que es cuando hacía falta.
Genera bronca e impotencia, observar con qué liviandad, Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Santiago Cafiero o Carla Vizzoti, los responsables primarios, junto al impresentable, Ginés González García, por la cantidad de contagios y muertes por Covid-19 en el país y que hasta solo unos días atrás negaban cualquier chance de acceder a estas vacunas, ahora aparezcan en los medios de comunicación tratando de sacar rédito político de esta tardía y trágica decisión.
La dirigente de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, dijo que «tantas muertes pesarán en la conciencia de la vicepresidenta» pero, ante sus afirmaciones y conociendo como reacciona Cristina Kirchner ante estas situaciones complicadas y que generan costo político, lo lógico será imaginar que más temprano que tarde buscará un «chivo expiatorio» para echarle la culpa y salvar su responsabilidad ante esta atrocidad que por su egoísmo e indiferencia, se llevó tantas vidas inocentes.
No hace falta pensar mucho para saber a quien la presidenta del Senado, le echará la culpa por tantas muertes inútiles y evitables…






