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Vida y obra del 24 de marzo – Por: Alejandro Borensztein

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La tragedia, la épica y la comedia del peor día de nuestra historia.

DANIEL SALMORAL.- Si no fuera que el domingo pasado el gobierno presentó un documental sobre el 24 de marzo de 1976 que terminó siendo una rascada incomprensible no estaríamos metiéndonos otra vez con este tema.

Pero dado el caso, no queda más remedio que intentar poner un poco de claridad entre tanta confusión.

En principio digamos que, después de 70 años, ya es hora de que vayamos cerrando discusiones sobre lo que pasó entre 1945 y 1955. ¿Fue populismo autoritario? ¿Fue reivindicación de la clase obrera? Terminemos con este debate de una buena vez. No hoy, por supuesto. Otro día.

Luego del 55 y hasta 1973 se alternaron gobiernos militares (Lonardi, Aramburu, Onganía, Levingston y Lanusse) con gobiernos civiles (Frondizi e Illia) que se autopercibían democráticos solo porque la proscripción del peronismo no les parecía un inconveniente. Pequeñas delicias de nuestros grandes republicanos.

En esos años crecieron banditas de extrema derecha que se entretenían apaleando judíos por las calles del Once. Aburridos de practicar antisemitismo, aquellos Tacuaras de pelito corto engominado se dieron cuenta de que era mucho más negocio mudarse a la izquierda y vender lotes en la patria socialista. Así fue como Firmenich, Abal Medina, Vaca Narvaja, Galimberti y otros miembros de la juventud maravillosa lanzaron su nuevo emprendimiento: Montoneros S.A.

Al mismo tiempo salieron al mercado grupos como el ERP y otros desarrolladores menos exitosos que, en plena Guerra Fría, vendían marxismo leninismo.

A partir de 1973, la política nacional intentó un simulacro de democracia en la que nadie creía, salvo Balbín y algún otro. Por entonces, el movimiento nac & pop despreciaba la democracia por considerarla un invento de la burguesía para oprimir a los pueblos. Muchos años después, Cristina lo reconocería por cadena nacional.

En este contexto, el peronismo aceleró con sus dos grandes bandas criminales: por la izquierda desbordaban los Montoneros cometiendo crímenes atroces y dejando un tendal de muertos. Por la derecha atacaba la Triple A, organizada desde el propio gobierno de Isabel Perón y López Rega. Sin saberlo, aquel gobierno de Isabelita había dado a luz un nuevo fenómeno: el terrorismo de Estado.

Al poco tiempo los militares se dieron cuenta de que si la cosa se trataba de matar zurdos, nadie mejor que ellos. Así fue que el 24 de marzo de 1976 decidieron dar un golpe de Estado y tomar el poder.

A partir de allí, el Estado Nacional desató la más feroz matanza de nuestra historia que incluyó miles de desaparecidos, torturados, gente arrojada viva al mar y apropiación de bebés. Peor no se consigue.

Primera aclaración: los 30.000 no significa que ese sea el número exacto de desaparecidos, sino que es una cifra simbólica. Representa la clandestinidad de la represión, la negación de los crímenes y el desconocimiento del destino final de las víctimas. Seguir discutiendo esto ya no tiene sentido.

Hasta acá, la tragedia del 24 de marzo de 1976. Luego vino la épica.

En 1983 y acorralados por la derrota en Malvinas, los militares llamaron a elecciones previo decreto de una autoamnistía, por las dudas. El peronismo aceptó aquel intento de impunidad y se presentó a las elecciones con dirigentes reciclados de la misma banda que había gobernado entre el 73 y el 76.

Por su parte, el radicalismo rechazó esa autoamnistía y se presentó bajo el renovado liderazgo de Alfonsín. Millones de jóvenes votaron por primera vez y, contra todos los pronósticos, ganó Don Raúl.

Segunda aclaración: nadie votó a Alfonsín para combatir la inflación, resolver la deuda o rediseñar el Estado. Se lo votó para salir de la dictadura y fundar una democracia que hasta entonces no habíamos tenido. Nos prometió 100 años de democracia. Ya llevamos 40. No está nada mal.

De entrada, Alfonsín constituyó la CONADEP, impulsó el Juicio a las Juntas y a las cúpulas montoneras. Esto sucedió con los peronistas negándose a participar de la CONADEP y saboteando el Juicio.

Es verdad que Alfonsín se fue cinco meses antes de lo previsto por la hiper y el desastre económico, pero le entregó el gobierno a Carlos Menem con todos los comandantes y oficiales de alto grado enjuiciados, condenados y presos. También estaban presos los capos montoneros. Un año después, el gobierno justicialista encabezado por Carlos Menem los indultó a todos.

Los peronistas que hoy se rajan las vestiduras, apoyaron todo esto: la autoamnistía, el sabotaje al Juicio y los indultos. Solo Chacho Álvarez y 7 diputados más abandonaron el PJ y armaron un partido propio: el FREPASO que, diez años más tarde, llegaría al poder de la mano de De La Rúa. El resto de los peronistas que hoy se golpean el pecho en nombre de los DDHH, se quedaron aplaudiendo los indultos cobijados al calor del menemismo, incluyendo a Cristina, Néstor, Alberto y toda la banda.

Hasta acá el relato de la tragedia y de la épica. Veinte años después llegaría la comedia, de la mano de Néstor Kirchner y gran elenco.

O sea, en un minuto este comediante se cagó en todo lo que se había hecho, incluyendo Alfonsín, la CONADEP, Strassera, el Nunca Más, Sábato, Magdalena, el Juicio y todas las condenas. Según el tipo, nada de eso había ocurrido y él venía a repararlo.

Ese mismo día, Don Raúl lo llamó furioso y el tipo le pidió perdón por teléfono. “Lo dijiste en público, retractarte en público, si sos tan guapo” le dijo Alfonsín. No era tan guapo.

Miles de jóvenes que no tenían la menor idea le creyeron y así nació el kirchnerismo. Este gigantesco malentendido explica muchas cosas. Por ejemplo, que el 24 de marzo sea feriado y veamos columnas de militantes mezcladas con murgas que van bailando. ¿Por qué bailan? ¿Qué festejan?

El 24 de marzo debería ser un día de recogimiento, con todas las escuelas y universidades del país abiertas para que esta historia se cuente como corresponde y no se olvide nunca más. En todo caso, el feriado a festejar debería ser el 10 de diciembre, fecha en la que terminó la dictadura y comenzó la democracia.

En ese contexto, hay que volver a explicar que no fueron dos demonios y que no es lo mismo una banda criminal que un Estado Nacional actuando como banda criminal. Sin embargo el dolor de las víctimas es el mismo. Y el kirchnerismo lo negó. Salvo algún caso, los crímenes de los Montoneros ya no se pueden juzgar porque prescribieron. Así es la ley. A pesar de eso, tipos como Firmenich, Vaca Narvaja o Verbitsky seguirán siendo criminales por el resto de la historia.

Todo esto debió haber sido explicado en el video del gobierno. ¿Por qué no lo hicieron? Posiblemente porque no lo tienen demasiado claro, pero también porque le deben haber encargado el documental a un boludo. Siempre hay un boludo. Uno de esos inútiles que presume saber de tele o de cine y en realidad no sabe de nada. El kirchnerismo también tenía varios.

Usted dirá amigo lector que esto ya lo hemos explicado veinte veces y que no tiene humor. Es verdad. Nada de esto tiene gracia, ni siquiera el chiste que contó Néstor en la ESMA. Pero es la verdad.

Y como aprendimos, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Fuente: Clarín