DANIEL SALMORAL.- Los principios de legitimidad que dan fundamento a la adquisición del poder se reducen a dos: el principio de legitimidad monárquico, que se asienta en la ley de la herencia, y el principio de legitimidad republicano, que lo hace en la voluntad ciudadana.
Luis XIV y Rousseau. Entredicho histórico que subsiste.
Luis XIV al Delfín de Francia, su hijo, lo educa esmeradamente y le pone de preceptor a Bossuet, arzobispo de París, recordado como el mejor orador sagrado de Francia.
Filipo de Macedonia, muchos siglos antes, inaugura la costumbre y Aristóteles es preceptor de Alejandro, su hijo.
Hoy el peronismo continúa en la práctica de la reelección sin tiempo definido y pone el acento en su carácter hereditario. Para no ser menos, es la práctica aceptada en gobernadores e intendentes.
En el año 1949 la Constitución es reformada y se introduce la norma de reelección indefinida del Presidente de la República; es el momento en que el Secretario General de la CGT, Espejo, propone la reelección de Perón y que llevara como Vicepresidente a su esposa Eva Duarte, quien renuncia al ofrecimiento.
La novedosa fórmula machihembrada no cae en el olvido y Perón la exhuma con su nueva esposa Isabel Martínez de Perón (de triste recordación).
Kirchner la vuelva a repetir y agrega a la repetición el dato de la circularidad del poder, que es el más vicioso de los círculos y que no es otro que el del eterno retorno: el poder “ad nauseam” entre marido y mujer. Los esponsales o la regla republicana de la libre elección, que exige la consulta a sus simpatizantes.
El mismo día domingo, en la misma provincia de Buenos Aires, el radicalismo elegía sus autoridades por el voto de sus afiliados, en tanto el peronismo acataba en silencio a su Delfín, tal como lo aconsejaba el arzobispo de París “ad usus delphinis”: para uso del Delfín, como titulara su obra, o sea: el partido peronista para uso del Delfìn.
Como excepción destacable, Menem surgió como candidato de la única elección interna que hizo el peronismo, aunque después cayó en la tentación de la perpetuidad a través de una pacto fáustico (el pacto de Olivos), sin tener en cuenta el dicho célebre de Lord Acton: “El poder corrompe y cuando es absoluto, corrompe absolutamente”. Así fueron diez años de Menem, otros tantos de Kirchner y de su esposa, de gobernadores, y crearon así las Baronías del conurbano y los Señoríos feudales de las provincias: San Luis, Catamarca, La Rioja, Formosa, Salta, Santa Cruz, etc.
En Salta primero fue Roberto Romero, justo es reconocerlo, no quiso introducir en la Constitución la nociva y desdichada cláusula de reelección. Su hijo Juan Carlos Romero fue reelegido y Juan Manuel Urtubey, su sucesor, siguió el ejemplo.
Se ha convocado en Salta a elecciones para elegir diputados constituyentes con el objeto de modificar las cláusulas de la reelección.
Alguna vez fui constituyente cuando se introdujo la reelección con destinatario fijo.
El pacto de Olivos firmado entre Menem y Alfonsín abrió las puertas al menemato y sus sucesores, se había extendido en el derecho público provincial, a excepción de Mendoza, como coronavirus en pandemia, y se aprobaba la cláusula reeleccionista.
Sólo 2 votos en 60 Convencionales se opusieron en el momento de introducir en la Constitución la cláusula reeleccionista: uno el del Ingeniero Carrizo (socialista) y el mío.
En ese momento recordé al Dr. Alem cuando en la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires se oponía a la federalización de Buenos Aires diciendo: “Sé que he hablado para todos, menos para esta sala”. Votó en soledad.
Cada radical es una soberanía, cada peronista un soldado.
*El autor es abogado – diputado provincial (MC) – UCR
Fuente: danielsalmoral.com.ar




