Sin periodistas acreditados en Casa Rosada desde hace una semana, el conflicto entre Javier Milei y la prensa se mantiene en escalada, aunque hay versiones que volvería a abrirse. En ese contexto, el Presidente volvió a profundizar este jueves sus ataques contra el periodismo en redes sociales.
La pelea del presidente Javier Milei con los periodistas se intensificó en los últimos días, especialmente a partir de la decisión de restringir el acceso de la prensa acreditada a la Casa Rosada, una medida que se activó hace exactamente una semana.
En ese marco, el mandatario inició su jornada este jueves con un posteo en su cuenta personal de la red social X y un nuevo ataque a la prensa: «Basuras inmundas».
La decisión de prohibir el ingreso de los medios a la casa de gobierno fue comunicada de manera informal y, por el momento, no exhibe avances hacia una resolución concreta, aunque este jueves a la noche ganó espacio una versión que indica que Casa Rosada estaría evaluando volver a habilitarla, para evitar una presentación judicial que estaría en marcha.

“Todavía no hay nada”, señalan en el entorno del secretario de Prensa, Javier Lanari, un experiodista ubicado en el punto más incómodo del esquema: administrar el vínculo entre un Presidente que acelera y una estructura institucional que intenta no perder el control.
El problema de Lanari no es explicar la tensión: es sostenerla todos los días sin que se institucionalice el desorden.
“El caso está cerrado, chorros, corruptos”, lanzó Milei en los pasillos del Congreso al referirse a la investigación que involucra al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por presunto enriquecimiento ilícito.
En paralelo, la disputa con el sistema mediático se volvió un hilo constante de la agenda presidencial. En sus tres intervenciones públicas de esta semana, Milei volvió a apuntar contra los periodistas las tres veces, acompañado por una sucesión de mensajes en redes sociales que funciona como prolongación directa del discurso político.
“Han dicho de todo sobre mí. Me han acusado de incestuoso, zoofílico, y pedófilo. Creo que tengo derecho de defenderme. ¿Qué creen que es el principio de no agresión? Los periodistas pueden pegar, pero también se puede responder. Eso no afecta a la libertad de expresión”, afirmó durante el cierre de la ExpoEFI en el Centro de Convenciones.

Y añadió: “Si creen que hay asimetría, les pregunto: ¿En qué momento ejercí violencia? Esto es para todos los llorones”, sentenció.
Este jueves, el Presidente volvió a iniciar la jornada en la misma línea desde sus redes sociales. Esta vez no apuntó a todos los periodistas, sino —según su propia segmentación— al “95%”: “NOL$ALP. Desenmascarando el accionar de las basuras inmundas (95%) que llevan el rótulo de ‘periodistas’. La falta de pauta los tiene tan locos que hoy no exhiben diferencia alguna en visión. VIVA LA LIBERTAD CARAJO…!!!”.

La política, en este punto, ya no discute con la prensa: la clasifica.
Mientras tanto, en los pasillos de la ahora inaccesible Casa Rosada, conviven dos lecturas: la obsesión extrema de Milei con los periodistas y la inquietud por la manera en que esa pelea puede escalar en términos electorales. Hubo y hay intentos de moderación. Pero, hasta ahora, no lograron bajar el tono de la confrontación.
El “índice de odio” de Javier Milei con los periodistas
El punto de partida no es una polémica puntual, sino una operación más amplia: convertir una sospecha no verificada en categoría política total.
En el discurso de Javier Milei sobre presuntas “operaciones” del periodismo contra el Gobierno, no existen causas judiciales abiertas impulsadas por el Poder Ejecutivo contra medios o periodistas identificados. Sin embargo, la respuesta ya se consolidó en otro plano: descalificación homogénea, lenguaje de expulsión y una cifra que ordena todo —“el 95%”— sin necesidad de distinciones.
El problema no es solo qué se dice, sino cómo se reemplaza la verificación por agregación. No hay individuos, hay conjunto; no hay casos, hay masa.
Si efectivamente existiera una red organizada de periodistas financiados para operar contra el Gobierno, contra Javier Milei, contra su hermana Karina o contra el jefe de Gabinete Manuel Adorni, el procedimiento institucional sería otro: identificación de actores, evidencia verificable, y delimitación de responsabilidades.

Pero ese camino no existe. En su lugar, se impone una lógica de generalización que prescinde del detalle, porque el detalle no suma a la “épica” del relato.
Y ahí surge una pregunta incómoda que el propio Milei instala: ¿Cuál es exactamente el “índice de odio” hacia el periodismo? ¿Quién lo define? ¿Quién lo mide?. Y más importante: ¿Qué criterios convierten la percepción del Presidente en una verdad?. Porque repetir consignas no describe la realidad: la inventa.
El Gobierno eligió un registro de confrontación y agresión sostenida, sin mediaciones ni pausas interpretativas. Emite, amplifica y consolida. Acusa, condena y dicta sentencia.
El problema ya no pasa por la crítica a los periodistas —ni siquiera por su calidad— sino por su transformación en categoría de “sospechoso por defecto”.
Porque cuando todos pasan a ser culpables, ya no hace falta demostrar nada. Y ahí, la verdad ya no importa.
Fuente: Perfil





