DANIEL SALMORAL.- Fueron dos semanas de angustia pero a la vez de esperanza.
El doctor Sergio Humacata, el médico, el humanista integro, batallaba contra el coronavirus del que se había contagiado en su primer recorrido por el interior salteño, ya como Secretario de Servicios de Salud de la provincia, cargo al que había accedido por decisión del gobernador, Gustavo Sáenz, junto a su amigo y compañero de lucha de toda la vida, el ministro Juan José Esteban.
Tuve el alto honor de ser considerado a lo largo de tantos años, su amigo, y a partir de esa amistad sincera, afectuosa y respetuosa, tuve oportunidad de conocer íntegramente a este hombre de modos sencillos, amable, puro y con una tremenda vocación por preocuparse, de verdad, de los problemas del otro.
A lo largo de tantos años de relación, pude conocer de qué manera amaba y sentía su profesión, porque entendía que esa era la forma de estar cerca del otro, de su semejante, del que sufre, sobre todo de los más humildes y vulnerables.
Medí, en cada oportunidad que compartimos, hasta donde le dolía la desigualdad y el desamparo en el que viven cientos de miles de personas en su amada provincia.
Siempre atento y dispuesto a tender una mano como profesional de la salud y como persona, jamás en tantos largos años de amistad vi que alguien que recurrió a él por algún problema, se hubiera ido con las manos vacías.
Siempre en él hubo una respuesta, un consuelo.
Hablar de su largo camino como defensor de la salud pública sería eterno.
Su obra en ese sentido, dice más de mil palabras.
Había asumido junto a su querido amigo y compañero de largas luchas durante toda su vida, Juanjo Esteban, la enorme responsabilidad de cuidar la salud de los salteños en plena pandemia por el COVID-19.
Cuando primero Esteban y luego el gobernador Sáenz lo convocaron para sumir en la Secretaría de Servicios de Salud de la provincia. estaba feliz.
No por el cargo ni la «chapa» que eso trae sino por lo que me dijo en una inolvidable charla que tuvimos horas nomás después del ofrecimiento: «estoy muy contento, muy feliz y agradecido, porque al fin voy a tener la oportunidad, junto al gordo Juanjo (Esteban), de poner en práctica todas nuestras ideas y proyectos sobre salud pública para que veamos de mejorar la salud de los salteños, sobre todo de los pobres de toda pobreza, derrotando a este virus terrible», me dijo en la estación de servicio Shell, tomando un café y compartiendo un sandwich.
Los días previos a la asunción de la nueva responsabilidad que le había encomendado en primer mandatario de la provincia, fueron felices para Sergio.
«El gobernador nos pidió compromiso, pertenencia y honestidad en la tarea», me dijo rebosante de orgullo, minutos después de asumir, en una charla que tuvimos con él en el programa «7 PM».
Luego de eso, partió hacia el interior a enfrentarse con el virus y de allá volvió contagiado y ya todo fue diferente, preocupación y tristeza.
El maldito bicho, ya le estaba devorando las entrañas y la vida.
Lo demás es reciente. Dolor, impotencia, bronca y también la esperanza de que Dios haga el milagro y lo cure a este ejemplar ser humano.
A mí, como a todos los que fuimos sus amigos entrañables, nos invade un profundo dolor y una pregunta que nunca tendrá respuesta: Por qué?…
Se fue el doctor Sergio Humacata, el amigo, el hermano de la vida, el médico que todo lo curaba simplemente con un «hola amigo»…
Extrañaré demasiado sus llamadas en la mañana muy temprano para saber como estaba y si tendríamos tiempo para compartir una picadita en La Moderna, algunas empanadas en Teuco, o una comida en el Círculo de Pescadores, lugares donde se sentía a gusto.
Se fue mi Doc, mi querido amigo, mi hermano, el que yo elegí…
Se fue Sergito Humacata, simplemente, un hombre bueno…






