DANIEL SALMORAL.- Hoy me levanté muy temprano pensando en la fragilidad del ser humano y su poca reacción instintiva ante el peligro.
Recuerdo que, años atrás, cuando se desencadenó el tsunami en Asia, mientras los animales percibían el tremendo momento que se avecinaba y huían despavoridos, los hombres corrían hacia la playa preguntándose porque el mar se había retirado.
Ahora, en esta pandemia, pese a la abundante información sobre la cantidad de contagios y muertes en todo el mundo, encuentro cientos de personas que no mantienen distanciamiento social ni cumplen con normas mínimas de protección personal como, por ejemplo, el correcto uso del barbijo.
Pero, lamentablemente, solo ante la aparición de una muerte cercana y tal vez tardíamente, comenzaremos a tomar conciencia del verdadero peligro que acecha al ser humano. Solo basta rescatar los números, en millones de muertos, que dejaron distintas pandemias en la historia de la humanidad. No basta la intervención del Estado ni las medidas restrictivas que los gobiernos dictan si no existe responsabilidad social de cada uno de los ciudadanos.
En estos días encontré a muchos ignorar las recomendaciones más básicas dadas por las autoridades de salud pública y algunos manifiestamente expresaban la inexistencia de esta pandemia y la complicidad de vaya saber quién en generar pánico en la población mundial. Está absurda negación de la realidad más la interpreté como un mecanismo de defensa de quienes no aceptan considerar en su mente la posibilidad de enfrentar a la muerte.
Lamentablemente, aunque nos cueste aceptar, el mundo ha cambiado y creo por largo tiempo y por eso muchos gobernantes ya hablan de acostumbrarse a esta «nueva normalidad».
Significa un cambio radical en nuestras costumbres, desde cómo nos saludamos hasta cómo nos trasladaremos en el futuro cercano. Es, sin dudas, un mundo nuevo, muy distinto al de hace unos meses y profundamente desconocido desde todo punto de vista. Se ha trastocado todo, desde la economía, el sistema financiero, la política, el modo de consumo y las actividades culturales y deportivas.
El gran desafío que tenemos por delante es construir un nuevo orden mundial. A las crisis hay que enfrentarlas, interpretarlas y responder con acciones colectivas que nos lleven a un mundo más justo, más igualitario más respetuoso de la naturaleza y sobre todo, profundamente humanista.
*Médico
Fuente: danielsalmoral.com.ar





