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Pobreza e indigencia en la Argentina | Informe de ODSA – Por: Daniel Salmoral

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«Todos empeoran, pero los sectores medios no profesionales se vienen empobreciendo cada vez más: desde 2010 casi se triplicaron las personas de este segmento social que cayeron por debajo de la línea de pobreza», afirma el director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), Agustín Salvia.

DANIEL SALMORAL.- El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), dependiente de la Universidad Católica Argentina (UCA), presentó en estos primeros días de Junio/23, un nuevo informe sobre «pobreza e indigencia en la Argentina» después de la pandemia.

El trabajo, realizado de manera minuciosa y con absoluto rigor científico, revela datos ciertos sobre esta realidad que ahora, hace saber, ya no solo golpea a sectores tradicionales sino que, día a día, suma a otros que antes pertenecían a la «clase media nacional» que en otros tiempos fuera orgullo ante otros países latinoamericanos, asiáticos y europeos.

El informe dice lo siguiente:

Pasados dos años de la crisis sanitaria y social por COVID-19 en la que la mayoría de los indicadores sociales y en particular relacionados con las condiciones de vida de las infancias y adolescencia experimentaron significativos retrocesos, se realiza una nueva medición de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) que permite reconocer
mejoras importantes de diferentes dimensiones del desarrollo humano y social de la infancia.

Es decir, que muchos indicadores retornaron en su nivel de incidencia a valores previos a la pandemia. No obstante, estas mejoras respecto del 2020-2021, no implican en la mayoría de los casos progresos relevantes respecto de la etapa previa. En efecto, la incidencia de las privaciones de recursos que experimentan niños, niñas y adolescentes (NNyA) continúan siendo muy elevados y mantienen brechas de desigualdad social muy significativas.

Cuando se consideran las medidas tradicionales de pobreza monetaria que calcula y difunde el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), a través de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), se advierte que, tras el incremento de la pobreza e indigencia en el tercer trimestre de 2020, se registra una merma en 2021, y se mantiene dicha situación en 2022 con una leve mejora en la situación de indigencia.

Justamente, entre el tercer trimestre de 2021 y el 2022, la pobreza monetaria no registra prácticamente cambios, pero la indigencia prosigue disminuyendo 2,5 puntos porcentuales más. En los dos últimos períodos interanuales, la indigencia infantil cayó un acumulado de 6 puntos porcentuales (véase Tabla A).

En resumen, se estima con base en los micro datos de la EPH-INDEC que el 52,7% de los NNyA en el país son pobres en términos de los ingresos de su hogar, y dentro de estos un 10,1% son indigentes, es decir pobres extremos. Esta tendencia, pero con niveles de incidencia diferentes se corrobora a través de las mediciones de la EDSA del segundo semestre del 2020-2021-2022, que se analizan en el apartado sobre el
derecho a la subsistencia de este mismo informe.

Retorno a la senda de privaciones que signan a la infancia argentina

Según los datos construidos a partir de la EPH-INDEC, la tendencia es muy similar en todas las regionales del país. Sin embargo, en los niveles es posible advertir diferencias que es interesante analizar. Por ejemplo, la indigencia en NNyA en la Ciudad de Buenos Aires es la más baja del país, pero es en el único aglomerado en el que aumenta entre 2021 y 2022, casi un punto ubicándose en 3,8%.

En el resto de las regiones del país la tendencia fue a la merma salvo en la Patagonia que se mantuvo estable. Las mermas más significativas se registraron en la región del NEA y en la Pampeana (5, y 4 puntos porcentuales, respectivamente). Igualmente, en estas regiones y partidos del Gran Buenos Aires es donde se registran los niveles de indigencia más próximos a la media nacional. Otro dato destacable es que en el caso de la región del NEA cayó la indigencia, pero subió la pobreza, 3 puntos.

En relación con la tasa de pobreza la mayoría de las regiones mantuvieron sus niveles, pero es relevante señalar que Partidos del Gran Buenos Aires, la región del NEA, Cuyo, NOA y región Pampeana registran medias de pobreza por encima del promedio.

«Todos empeoran, pero los sectores medios no profesionales se vienen empobreciendo cada vez más: desde 2010 casi se triplicaron las personas de este segmento social que cayeron por debajo de la línea de pobreza», afirma el director del ODSA, Agustín Salvia.

Resumen de resultados

Seguidamente, se resumen los principales resultados en su evolución en el tiempo 2010-2022, y las principales desigualdades sociodemográficas, socioeconómicas y regionales urbanas asociadas a cada dimensión de derechos: 1) Alimentación, 2) Salud, 3) Hábitat; 4) Subsistencia; 5) Crianza y socialización; 6) Información; 7) Educación; y 8) Protecciones especiales: trabajo infantil.

Derecho a la alimentación

El Estado argentino se ha comprometido con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, 2015) para el 2030. En relación al derecho a la alimentación, en el Objetivo 2, se establece que es una meta llegar al “Hambre cero”, y “poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible”.
La meta 2.2 establece “poner fin a todas las formas de malnutrición, incluso logrando, a más tardar en 2025, las metas convenidas internacionalmente sobre el retraso del crecimiento y la emaciación de los niños menores de 5 años, y abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes y las personas de
edad”. En relación con este objetivo y metas, todo indica que hay mucho por hacer en el país. La aproximación al tema que se realiza en el marco de estos informes es de tipo longitudinal y con base en la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA). Los datos construidos, indican, que el derecho a la alimentación de NNyA en el país es una deuda pendiente cuyo balance general es negativo. En efecto, entre 2010 y 2022, la situación de inseguridad alimentaria se incrementó un 44%, sin embargo, el mayor deterioro se registra en los últimos cinco años. Se registra el peor momento de la serie en plena pandemia del 2020 llegando al 37,2%. Y, si bien en los
últimos dos años postpandemia se registra una mejora los niveles de privación alimentaria afectan a un tercio de la población de NNyA en el segundo semestre del 2022.

La inseguridad alimentaria severa que afecta especialmente a los NNyA porque es cuando los progenitores reconocen que sus hijos/as han pasado hambre por no tener que comer, ha seguido una tenencia más estable e incluso se ha ubicado por debajo de los dos dígitos entre 2014 y 2017, pero en los últimos cincos años se incrementó de modo significativo y alcanzó el 15% en el 2020, logrando una progresiva recuperación y llegando al 12,4% en el 2022.

En este marco, las ayudas alimentarias directas e indirectas no han dejado de aumentar en su cobertura. Justamente, las ayudas alimentarias directas en comedores escolares, y comunitarios, así como la copa de leche, entre otros, han incrementado su cobertura de modo progresiva y a partir del 2020 sumaron una ayuda indirecta como es la Tarjeta
Alimentar. Estas ayudas alcanzaron en plena pandemia al 46,5% de la población de NNyA, pero en el 2022, llegan de una u otra forma al 59%.

Sin dudas, erradicar el hambre es una meta compleja porque supone diferentes estrategias de intervención y cambios en las economías domésticas. Existe consenso entre los especialistas en torno a que estas ayudas directas e indirectas han sido claves en contextos como la crisis sanitaria y social del COVID-19, pero también es claro que se revelan insuficientes en un mercado laboral inestable, con elevado nivel de informalidad y crecientes niveles de inflación.

Lógicamente, esta síntesis apretada esconde en los promedios injustas desigualdades sociales y regionales que son descriptas en este mismo informe en el apartado específico. Solo a los efectos de representar de modo resumido dichas brechas cabe mencionar que el segundo semestre de 2022, un niño/a en el 25% más pobre registraba 17 veces más chances de estar en una situación de privación alimentaria por problemas económicos que un par en el 25% superior. Y, que dicha situación se elevaba por encima del promedio en la población de NNyA del Conurbano Bonaerense y ciudades de las principales áreas metropolitanas del país.

Derecho a la salud

En relación con el derecho a la salud, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, 2015) en el Objetivo 3, establece, “garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. Lograr la cobertura sanitaria universal, en particular la protección contra los riesgos financieros, el acceso a servicios de salud esencial de calidad y el acceso a medicamentos y vacuna seguros, eficaces, asequibles y de calidad para todos”. Como es fácil advertir este objetivo aborda diferentes aristas del problema de acceso a la atención de la salud.

El ejercicio del derecho a la salud es complejo y multidimensional porque se trata de acceder a la atención de la salud, pero también de gozar de buena de salud. Como es tradición en el marco de los estudios del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, se ofrece una aproximación parcial al fenómeno y vinculada al déficit de acceso a la
atención de la salud clínica preventiva y odontológica de tipo preventiva. También se considera un indicador de cobertura que no es valorado como un déficit, pero sí como un desafío de atención por parte de los servicios estatales de salud. Justamente, cabe reconocer primero que los servicios estatales de salud tienen el desafío de ofrecer oportunidades de atención de la salud preventiva al 58,4% de la población de
NNyA en el país urbano. Cada vez el desafío de cobertura es mayor y ello sin dudas guarda correlato con la situación de precariedad e informalidad laboral de los progenitores. Este desafío de atención es mayor entre los más vulnerables donde llega a el 80 y 90% según el estrato social que se considere. Asimismo, se ubica por encima del promedio nacional en el Conurbano Bonaerense y áreas metropolitanas del interior.

Más allá de este dato estructural que marca la responsabilidad de los Estados en términos de ofrecer estructuras de oportunidades en la atención preventiva de la salud del niño/a sano, una proporción que se estima en un 18,4%, en 2022, no realizó una consulta médica a un pediatra o clínico en el último año. Este nivel de incidencia representa una fuerte recuperación en relación a los elevados niveles de déficit de la pandemia y postpandemia 2020 y 2021, y un retorno al momento previo. El déficit de atención se eleva por encima del promedio en la adolescencia, a medida que desciende el estrato socioeconómico y en la población del Conurbano Bonaerense.

La atención de la salud odontológica es un claro problema que de modo progresivo ha empeorado alcanzando sus máximos niveles de déficit en la pandemia donde el 65% de los NNyA entre 3 y 17 años no consultaron por su salud bucal. El regreso a los consultorios odontológicos fue paulatino y recién en el segundo semestre de 2022 se llega a niveles similares a los prepandemia, pero aún por encima de los mismos (44,9%). Se trata de un déficit de tipo estructural y que salvo en pandemia suele mantenerse muy estable. Las desigualdades son sociales, regionales, pero también por ciclo vital. La consulta al odontólogo es menos frecuente en los primeros años y en la adolescencia. El déficit de atención se ubica muy por encima del promedio en el Conurbano Bonaerense.

Derecho a un hábitat digno

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, 2015) en su meta Meta 6.2, establece, “Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”. Específicamente, indicándose como meta para 2030, “lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al
aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables”. Y, en el objetivo 11.1, establece “asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los tugurios”. Este objetivo considera aspectos generales que son abordados en el presente informe y otros que interpelan y alientan su estudio en
el futuro.

El hábitat de vida representa mucho en términos de recurso esencial para el desarrollo del máximo potencial de un niño/a. Es el espacio donde la familia propia la socialización primaria en condiciones de mayor o menor seguridad y bienestar. La vivienda requiere de una construcción protectora ante las inclemencias del tiempo, contar con espacio para lograr diferenciar las actividades, rutinas, y garantizar la privacidad y el buen descanso. Asimismo, se trata de un espacio que requiere de servicios y uno de los más prioritarios y sensibles al desarrollo del niño/a es el acceso a agua segura y sanitarios. Por supuesto, que el medio ambiente en el que se ubica la vivienda también es relevante
por su potencia contaminante y su incidencia en la salud.

Si bien se trata de un recorte de indicadores sobre el espacio del hábitat de NNyA, permite reconocer deudas sociales muy persistentes y con marcadas disparidades sociales. Por ejemplo, la precariedad de la vivienda afecta a dos de cada diez NNyA en el país urbano, y el hacinamiento también. Pero el déficit de condiciones sanitarias adecuadas duplica su incidencia, y en lo mismo ocurre con la contaminación del
medio ambiente.

Durante la pandemia por COVID-19 estos indicadores no se modificaron salvo el del medio ambiente que había mejorado como consecuencia del aislamiento social y la merma del transporte, y la producción. No obstante, tras tres años se ha recuperado el nivel de contaminación y las condiciones habitacionales de la población de NNyA sigue siendo deficitaria para proporciones significativas. Lógicamente, las privaciones en la construcción de la vivienda, el hacinamiento y el déficit de saneamiento se profundizan en condiciones de vulnerabilidad social y repercuten especialmente en la población del Conurbano Bonaerense.

Derecho a la subsistencia

Muchas de las barreras al desarrollo se suelen vincular a la situación de pobreza de los hogares con niños/as. Y, si bien la complejidad de lapobreza en el ejercicio de derechos responde a múltiples causas, una innegable es el déficit de acceso a recursos económicos de los hogares.

La pobreza monetaria en la población de NNyA asciende en el segundo semestre de 2022 al 61,5%, y dentro de esta población se estima que 13,1% son indigentes. Si bien esta incidencia es menor a la observada en pandemia y postpandemia, todavía es levemente superior a la registrada en la prepandemia. No ocurre lo mismo con la indigencia que logra ubicarse en los valores prepandemia. Lo que no ha dejado de
incrementarse paulatinamente es la cobertura de las transferencias de ingresos orientadas a los sectores sociales más vulnerables. Se estima que, en 2022, la AUH y otras transferencias han alcanzado al 49,8% de la infancia y adolescencia, alcanzado niveles más elevados que en la prepandemia, e incluso que en la pandemia.

Aun cuando se incrementan los recursos y su alcance los niveles de pobreza e indigencia continúan siendo muy elevados y por encima de los valores promedio de la década analizada.

Parece importante señalar la particular vulnerabilidad de los adolescentes a la pobreza, y los NNyA en hogares monoparentales y que residen en el Conurbano Bonaerense y áreas metropolitanas del interior del país.

Derechos en los espacios de los procesos de crianza y socialización

Los procesos de crianza y socialización cambian según la cultura, la región del país, el tipo de familia, y claro la etapa del ciclo vital de los niños/as. En este sentido, es complejo producir un recorte como el que supone una medición de tendencias como la que se realiza en el marco del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia. Aceptando esa limitación y ese recorte se ofrece un conjunto de indicadores vinculados a las oportunidades de estimulación emocional e intelectual de los niños/as entre los 0 y 8 años, los estilos de disciplinamientos que prevalecen en los hogares, y algunas oportunidades de formación secundaria no escolar que pueden o no tener niños/as y adolescentes. Estos últimos son considerados oportunidades para alcanzar una mayor riqueza en los procesos de socialización, en la medida que supone un encuentro
con otros pares, y otros roles, además del ejercicio por parte del niño/a de otros roles en los que multiplica sus interacciones y desarrollo de capacidades y habilidades sociales.

En resumen, se destaca que entre los 0 y 8 años, el déficit de estimulación a través de la palabra llega al 30,8%, el déficit de interacción a través de dibujo al 22,7% entre el año de vida y los ocho, al 12% cuando se trata compartir canciones (otra forma de oralidad), y al 6% cuando se trata de jugar. Si bien todos estos estímulos fueron relegados en el marco de la pandemia han retornado paulatinamente a las dinámicas de los hogares, pero siguen dando cuenta de una proporción de niños/as que tempranamente carecen de estímulos muy relevantes para el desarrollo de capacidades y habilidades sociales. Asimismo, tal como se analiza en el presente informe estas carencias aumentan su incidencia a medida que desciende el estrato social y en algunos casos presentan diferencias regionales relevantes.

Los estilos de disciplinamiento negativos experimentaron una tendencia muy regresiva durante la pandemia y postpandemia, y han tendido a retornar a los valores prepandemia en 2022. Tal como se ha señalado en anteriores informes, la violencia contra los niños/as y adolescentes, fue notable en el contexto del aislamiento social y las escuelas cerradas. En un nuevo contexto social y de presencialidad escolar, dicha violencia ha mermado, pero sigue afectando a proporciones muy elevadas de NNyA. Los retos en voz elevada y las penitencias siguen siendo muy frecuentes, y en menor medida la violencia física (22%) y la verbal (6%). Prevalecen diferencias sociales regresivas para los NNyA más vulnerables.

Cuando se es niño/a u adolescente las actividades formativas y recreativas en el campo del deporte, la cultura y las redes sociales seconstituyen en oportunidades para sociabilizar y desarrollar habilidades sociales muy relevantes. Sin embargo, estas oportunidades están disponibles para minorías aventajadas de la sociedad argentina, y solo en el caso de la socialización a través de redes sociales parece existir una relativa democratización en términos de su utilización o acceso a través de la exposición a pantallas y acceso a datos. Lo cual permite conjeturar diferencias cualitativas no exploradas en esta investigación.

Lo cierto, es que en una tendencia positiva aún el 53% de los NNyA entre 5 y 17 años no realiza deportes o actividades físicas no escolares.

Cabe mencionar que eran el 66% en 2010 y llegaron a ser el 71% en la pandemia del 2020. Es decir, que el balance es positivo, pero aun así es un espacio para el desarrollo y el bienestar que le es negado a la mayoría de esta población. Y, esto ocurre mayormente a medida que desciende el estrato social de la población.

Los obstáculos para el desarrollo de actividades culturales extraescolares parecen ser aún mayores porque el 82,9% de los NNyA entre 5 y 17 años no las realizan habitualmente. En este caso la tendencia también es positiva si se considera que en 2010 estaba en la misma situación el 86%. Siendo una amplia mayoría la que no realiza estas actividades las desigualdades son menores, pero existen y son regresivas para los más vulnerables.

La exposición excesiva a pantallas (comportamiento sedentario frente a pantallas) también es algo frecuente que afecta al 69% de la población de NNyA. Es un comportamiento es ascenso que tuvo su mayor incidencia, lógicamente, en pandemia (70%). Registra diferencias, en este caso, regresivas para los más aventajados en términos sociales que parecen haber sumado actividades virtuales tras la pandemia y que les reporta más horas de pantalla. La exposición excesiva en promedio es
considerada nociva en términos del desarrollo del niño/a.