Inicio Opinión La soledad de Milei – Por: Juan Luis González

La soledad de Milei – Por: Juan Luis González

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Este mes no piso la Casa Rosada y cada vez recibe menos gente. No ve ni a sus ministros. Todo está en manos de Karina. Dolores físicos y distancia de viejos amigos como Agustín Laje. Además: el libro místico que está por publicar.

DANIEL SALMORAL.- El sábado 7 de agosto, Javier Milei ingresó en la residencia presidencial luego de un viaje por Colombia. Mejor dicho, se encerró ahí. Es que recién diez días después volvió a encontrarse con el país que maneja. Entre un momento y otro no se supo prácticamente nada del mandatario: sus cuentas mostraban que estuvo activo al menos una hora cada día en sus redes y que el jueves 13 recibió a un economista para cenar. Pero nada más, mientras que las dudas sobre el estado del mandatario crecían a cada hora.

Su reaparición pública fue en un acto por el aniversario de San Martín, y estuvo lejos de despejar las dudas. Ahí se lo vio visiblemente hinchado, a la vez que mostraba algunas dificultades para caminar, como si sus dolores de espalda se hubieran agravado. Tan preocupante fue toda la secuencia que las preguntas recorrieron todo el círculo rojo, y el Gobierno tuvo que salir a instalar una versión llamativa: que se había recluido del resto de la humanidad para terminar un estrambótico libro, su primer trabajo teológico donde asegura que Dios inventó al capitalismo, algo de lo que se enteró casi por inspiración directa del Creador. Claro está que esa hipótesis estuvo lejos de calmar las aguas, y hoy todos se preguntan qué le está pasando a Milei. Es que, como en Hamlet, algo huele a podrido en la Quinta de Olivos.

Laberinto

Javier Milei está solo. A pesar de que ese es el rasgo más característico de su personalidad, el hecho que recorre toda su vida turbulenta de violencia intrafamiliar y bullying escolar, la última oración no remite a su pasado. Tampoco es una metáfora. El mandatario permanece recluido en Olivos y con poco contacto con la realidad.

La tapa de NOTICIAS

La última vez que pisó la Casa Rosada, al momento en que se escribía esta nota, fue el 31 de julio. Es decir que, salvo los dos días en que estuvo en Colombia, absolutamente todo el resto de agosto lo pasó en la Quinta. Y la residencia presidencial tiene un detalle: quienes ingresan tienen que anotarse en un registro que luego se hace público.

El último disponible es del de junio. Y si se las mira con atención, las visitas que recibió Milei en los primeros seis meses del año revelan mucha información. La primero es que, de las cinco personas que más lo fueron a ver, tres son sus empleados: Macarena Rodríguez, su fotógrafa, fue 13 veces, Magalí Blanco, su secretaria, 12, y Andrés Leone, su preparador físico (y ahora diputado), 11. Esta información marida con un comentario que hasta los más cercanos al libertario expresan con preocupación: que el mandatario apenas tiene contacto con sus ministros. Esto es algo que venía desde el inicio de la gestión -y que dejó postales inéditas como que Milei conoció a Juan Bautista Mahiques el día en que le tomó la jura como ministro de Justicia, o que a Fernando Vilella, su primer secretario de Agricultura, recién lo vio en la Expoagro de marzo de 2024-, pero que ahora se agravó. Luis Caputo, por poner un ejemplo, fue a Olivos sólo cinco veces en los primeros seis meses, que serían cuatro si se le quita la cena multitudinaria con diputados y senadores que el mandatario ofreció luego de la última apertura de sesiones. Los números de su sobrino, Santiago Caputo, cada vez más distanciado del libertario, son los mismos. Todo esto, además, es sin tener en cuenta los números de julio y agosto, aún no publicados, en los que el encierro se agravó.

Entonces, si los ministros no van a Olivos y el Presidente no va a la Rosada, ¿cuándo se ven? O quizás la pregunta debería ser otra: si Milei no maneja su gobierno, ¿quién lo hace? ¿Quién gobierna? El que lo respondió con toda claridad fue “Toto”. “¿Hay que sellar acuerdos políticos con los gobernadores?”, le preguntó el periodista Guido Carelli Lynch el 18 de agosto. El ministro tartamudeó durante unos segundos y contestó: “Eso lo va a decidir Karina. Y lo que decida va a ser lo mejor para el país”. La frase, cruda, revela hasta dónde llegó el control de la otrora tarotista y repostera. Con el autoproclamado “Mago del Kremlin” vaciado de poder y el Presidente -en los papeles- recluido en Olivos, la secretaria general tomó el timón.

Fuente: Noticias