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La pobreza estructural en zonas rurales del NOA es la más crítica

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Es la que deja marcas en el presente y en el futuro de los niños.

DANIEL SALMORAL.- Las familias que atraviesan la pobreza más extrema son las que tienen hijos y viven en las zonas rurales de los departamentos de Ramón Lista (Formosa), Rivadavia (Salta), Sarmiento (Formosa), San Martín (Santiago del Estero), Santa Catalina (Santiago del Estero) y Figueroa (Santiago del Estero).

Así lo refleja el informe “Índice de pobreza multidimensional extrema” realizado en exclusiva para LA NACION por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).

En un contexto en que el gobierno de Javier Milei afirma que logró sacar a 15 millones de argentinos de la pobreza y muestra orgulloso una baja en la tasa de pobreza del 41,7% en el inicio de su mandato a un 28% actual según el Indec, especialistas, organizaciones y referentes territoriales cuestionan estas cifras.

Sostienen, entre sus argumentos, que al concentrarse únicamente en los ingresos necesarios para cubrir la canasta básica y en las zonas urbanas, la medición oficial no es un reflejo fiel de la realidad a la que los hogares más desfavorecidos de la Argentina profunda -esa a la que hay que embarrarse para llegar- se enfrentan todos los días.

Que hay un núcleo duro de pobreza estructural que sigue siendo invisible y, por ende, está desatendido. LA NACION contactó al Ministerio de Capital Humano de Nación para conversar sobre estos datos, pero no obtuvo respuesta. ¿Qué es lo novedoso de este estudio? Que combina los datos del Censo 2022 y los de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA-UCA) de 2023, logrando un mapa de la pobreza extrema en el país por localidades y departamentos, definida como el riesgo de concentración de inseguridad alimentaria en hogares particulares. Esto permite localizar núcleos de vulnerabilidad estructural y constituye una herramienta para el análisis territorial de desigualdades. Además, brinda una mirada nacional sobre los aspectos de la marginalidad más difíciles de superar como las condiciones materiales de la vivienda, el acceso a servicios básicos, el nivel educativo de los padres y su situación laboral. “Es muy relevante trabajar con índices a nivel censal porque es casi la única oportunidad de mostrar una radiografía de la Argentina y hacer justicia a lugares que nunca son relevados por la EPH [Encuesta Permanente de Hogares]. Y nos permite hablar de esta pobreza más estructural que es mucho más estable que las cifras de la pobreza monetarias que periódicamente muestra el Indec.

Si bien la pobreza monetaria es relevante para el acceso a la vestimenta o a la alimentación, no ir a la escuela deja una marca en el desarrollo infantil que es más difícil de revertir”, señala Ianina Tuñón, responsable del Barómetro de la Deuda Social de la UCA y una de las autoras del informe.

Índice de vulnerabilidad socioeconómica

Es calculado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA en base a la combinación de 11 indicadores censales vinculados a la vivienda, servicios básicos, educación, empleo y la vulnerabilidad asociada a la infancia. Se expresa en una escala de 0 a 100, donde a mayor número, mayor vulnerabilidad socioeconómica.

Índice de vulnerabilidad socioeconómica

Es calculado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA en base a la combinación de 11 indicadores censales vinculados a la vivienda, servicios básicos, educación, empleo y la vulnerabilidad asociada a la infancia. Se expresa en una escala de 0 a 100, donde a mayor número, mayor vulnerabilidad socioeconómica.

En este relevamiento que muestra un índice del 1 al 100 (siendo 100 el nivel máximo de pobreza), el foco está puesto no en la cantidad de dinero que tiene una familia para vivir, sino en su estructura, su situación de hacinamiento, si el jefe de hogar tiene trabajo y en el acceso a derechos fundamentales, entre otras variables. De este modo, el trabajo permite trazar un panorama más fidedigno de cuál es la realidad de las comunidades más vulnerables. Para Pablo Chanetta, integrante de la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo que trabaja con pueblos originarios en Formosa, la Argentina está entristecida.
“Lo que estamos viendo es que las situaciones de hambre se han intensificado. Hay comunidades que hace unos años estaban pescando y cazando y hoy están mariscando en los basurales para conseguir comida. No se encuentra una salida muy viable en cuanto a las necesidades básicas de la gente. No hablamos de vivienda ni de agua, sino de algo tan básico como la alimentación y el trabajo”, plantea.

Falta de acceso a derechos básicos. El índice mide variables como hogares con calidad constructiva deficiente, con al menos un menor que no asiste a la escuela y con déficit sanitario, entre otras que hablan de una pobreza estructural; todas estas carencias dejan marcas en el presente y en el futuro de los niños

El norte postergado

El estudio revela que los peores índices de pobreza se concentran con más crudeza en el NOA (39,5) y el NEA (38,1), superando ampliamente a regiones como la pampeana (30,0), el AMBA (29,9) o la Patagonia (29,6).

Allí, en los parajes más aislados del norte del país, todavía existen familias numerosas viviendo hacinadas en ranchos de una habitación, sin acceso al agua potable, sin luz, con el baño afuera y con niños que comen, con suerte, una vez al día.

“Estamos hablando de que la inteligencia artificial va a venir a solucionar el mundo, mientras que en nuestro propio país hay gente que tiene que salir a cazar para comer», dice el informe.

«La pobreza más extrema es cuando el sistema no registra que existís y eso es lo que pasa en las zonas más vulnerables de la Argentina”, dice Jerónimo Chemes, fundador de La Chata Solidaria, una ONG que brinda asistencia a las familias del Impenetrable chaqueño.

Tuñón comparte esta sensación de abandono y señala la falta de políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones de vida de estos grupos más vulnerables.

“Son poblaciones que evidentemente se consideran descartables, que no importan. Creo que quizás en este momento hay una profundización de cierto descuido, pero no puedo reconocer en los últimos 15 años un gobierno que haya tenido una política activa que se haya convertido en una política de Estado como la AUH [Asignación Universal por Hijo]”, indica.