DANIEL SALMORAL.- Hoy voy a hablar exclusivamente de una decisión imprudente que ha impactado de lleno a nuestra bendita comuna de Rosario de Lerma. Precisamente, me estoy refiriendo a la decisión que ha tomado el señor Enrique Nicolás Martínez en su calidad de Intendente, de -mal expresado- “repatriar” a personas que no habían concluido con la cuarentena obligatoria. ¿Por qué me tomo el atrevimiento de sostener con total firmeza que esta decisión ha sido imprudente? En estas breves palabras trataré de resumirlo.
Resulta de un extremo grado de infantilismo creer que Rosario de Lerma posee las capacidades operativas para que las personas que provengan de lugares en donde el virus ha circulado con gran frecuencia puedan hacer la cuarentena en sus casas. Es decir ¿en qué cabeza cabe que un municipio como el nuestro pueda disponer de los medios materiales y humanos para controlar que cada caso particular cumpla la cuarentena?
Por si los lectores no lo sabían, Rosario de Lerma ha recibido a más de 100 “repatriados” desde que ha empezado la cuarentena. Es decir, que el municipio debería haber dispuesto a 100 personas para que vigilen y garanticen que cada “repatriado” cumpla con la cuarentena a raja tabla durante las 24 horas del día. De más está decir que esto no ha ocurrido ni ocurrirá. Y quien piense lo contrario evidentemente carece de cualquier objetividad en su análisis.
Como si esto no bastaría para determinar que los “repatriados” hagan la cuarentena en otro lugar que no sea Rosario de Lerma, se le agrega otro condimento más explosivo a esta situación. Y es que particularmente la persona que ha contraído el virus COVID-19 fue recluida en una casilla del barrio más carenciado de nuestro pueblo, en donde las condiciones de hacinamiento son materia común. El hacinamiento, por su parte, conlleva la automática falta de aseo. Es decir, en síntesis, un cóctel mortal.
Entonces, la pregunta que todos se hacen es: ¿acaso no era más fácil que esa persona haga la cuarentena en el centro de convenciones? ¿Acaso no se gastaron millones y millones para acondicionar dicho lugar? Esa pregunta no se la hizo el señor Martínez, quien dio la orden directa al chofer municipal a que busque a los “repatriados” para que hagan la cuarentena en su casa. Grave error.
Como si no bastara todo esto para catalogar a Martínez como a un auténtico irresponsable, se le suma otro condimento feroz y que fue el causante de la furia de sus conciudadanos. Resulta que ningún vecino del populoso barrio Islas Malvinas estaba enterado de que había una persona “repatriada” que estaba realizando la cuarentena. Es decir, los vecinos se desayunaron con el caso ya confirmado, a la vez que muchos de ellos afirmaban tajantemente que habían tenido contacto con la persona contagiada y que desconocían su situación. Esto último, logró la miserable consecuencia de que pobres se peleen contra pobres debido a una errónea decisión de una persona imprudente.
Y para colmo de males, como para agregar una frutillita a esta enorme torta, resulta que don Martínez no ha tenido mejor idea que hacer lo que hacen aquellos quienes no admiten sus errores. Y sí, señor, señora, ¡adivinó!. El señor Martínez se lavó las manos, como Poncio Pilato, y le echó la culpa a otra persona. Increíble pero real.
Déjenme decirles que con la frutillita de la torta no es suficiente. Arriba de ella va la crema Chantilly. Como si todo esto fuera poco, el papelón propiciado por don Martínez en los medios de comunicación de la ciudad de Salta ha sido despampanante. No ha logrado unir palabra con palabra.
Particularmente, he sentido vergüenza ajena de ver cómo personas de otras localidades literalmente se descostillaban de risa al ver semejante imagen impresentable. Hay algunos que llegaron hasta preguntarse si el intendente ha cursado –aunque sea- el pre jardín.
La historia –que parece de terror- no termina allí. La historia continúa pues don Martínez será nuestro intendente hasta 2023. Vecinos comentan que están tramitando el cambio de domicilio, no cierto?.
Fuente: Parte de Prensa





