Más de 12 millones de ciudadanos le dijeron no a las urnas, lo que debería alarmar a toda la dirigencia más allá de quien ganó y quien perdió. Causas: prioridades políticas lejos de la gente y sistema democrático cuestionado. Incertidumbre sobre lo que viene si esto no cambia.
DANIEL SALMORAL.- Pasadas las elecciones legislativas del 26 de Octubre, ninguno de los espacios políticos dijo nada sobre la escasa participación ciudadana que fue la más baja desde la recuperación de la Democracia en 1983.
Esta vez el ausentismo alcanzó el 34% en el país.
Si se tiene en cuenta que el padrón electoral contaba con 35.987.634 personas, se supo que más de 12.200.000 electores decidieron no concurrir a las urnas, lo que indica que a pesar que el voto era obligatorio, un tercio de la gente en condiciones de sufragar optó por no hacerlo.
El dato oficial que debería ser motivo de preocupación de todos los actores políticos, oficialismos y oposición, ha pasado de largo en la consideración dirigencial lo que demuestra el poco interés en fortalecer el sistema y buscar las causas por las cuales la ciudadanía ha caído en tamaña indiferencia.
Analistas políticos y especialistas en comportamiento electoral señalaron que detrás de estos números existe descontento, desconfianza y desapego hacia la clase dirigente, porque los ausentes consideran que ir a elegir a uno u otro no sirve de nada porque gane quien gane, sus problemas cotidianos seguirán siendo los mismos.
Los privilegios obscenos que exhiben los políticos frente a una sociedad que muestra a más de un tercio de ella arrastrando problemas económicos, de seguridad y sin expectativas favorables a futuro, generan que se sostenga el descreimiento, el desconcierto y el cansancio por tantas promesas incumplidas por parte de la mayoría de los dirigentes políticos más allá de su pertenencia partidaria, que explica de manera valedera tamaño desinterés ciudadano en los procesos electorales provinciales y nacionales.
El transfuguismo, la ignorancia y el poco interés por saber de qué trata ocupar espacios públicos por parte de quienes han accedido a escaños legislativos en el Congreso, suma más repudio hacia todo lo que implica tomar parte de una elección de candidatos.
Buena parte de la indiferencia y bronca ciudadana tiene que ver con el comportamiento que tuvieron quienes participaron de los comicios recientes: tanto los que ganaron como los que perdieron, el 26 de octubre a la noche ya comenzaron a pensar, hablar y trabajar para la elección de 2027 donde se deberán elegir cargos ejecutivos y legislativos.
«Cuándo puta se van a ocupar de nuestros problemas. Son todos la misma mierda. Lo único que les interesa es lo de ellos y nunca los sufrimientos que por sus cagadas pagamos nosotros todos los días», dicen no uno sino miles de personas que ya, sin pelos en la lengua, afirman a los cuatro vientos que odian a la política y a los políticos.
Desde el gobierno están trabajando para ver como se afianzan el poder y desgastan a la contra para seguir eternamente.
Del otro lado, lo importante pasa por esmerilar a la gestión libertaria para llegar con chances reales de desbancarlos de las poltronas donde se toman las decisiones importantes.
Y a la gente de carne y hueso, quien la atiende?…
Todos saben que nadie por eso la bronca va creciendo de manera alarmante ante la indiferencia dirigencial de todos los sectores.
A lo largo de la historia, se sabe que cuando los pueblos son acorralados rápidamente encuentran la manera de huir de esa situación no sin antes hacer pagar a quienes los llevaron a esa condición, no siempre de manera democrática.
Epílogo
Con el binomio presidencial ocupado en quedarse más allá de 2027; con la principal oposición pensando en volver al poder para liberar a su líder como principal motivo y el resto de los partidos buscando qué hacer para seguir en las marquesinas, el escenario político deja ver que atraviesa por su peor momento porque se alejó demasiado de quienes ya perdieron las esperanzas de estar mejor, gobierne quien gobierne.
Bueno sería entonces por el bien del país, que quienes conforman el establishment político comiencen a mirar más allá de sus narices y tomen contacto con una realidad social que, de todas las maneras posibles, hace rato que le viene diciendo que ya no pueden más.






