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Grand Bourg feliz: alegría por la llegada de Massa y sus superpoderes – Por: Daniel Salmoral

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DANIEL SALMORAL.- A medida que pasan las horas, queda en evidencia que Sergio Massa con el visto bueno de Cristina Kirchner, hacia rato que había decidido avanzar sobre el gobierno de Alberto Fernández con la intención de vaciarlo de poder y dejarlo al frente de la gestión sólo de manera formal.

A través de información que ahora comienza a aparecer, el hasta ahora presidente de la Cámara de Diputados, que esta semana asumirá como superministro de Economía; Agricultura, Ganadería y Pesca y Desarrollo Productivo, desde hace meses viene planificando convertirse en el hombre fuerte de un gobierno débil y carente de respuestas que enfrenta una crisis sin parangón en la historia contemporánea argentina, y que tiene a mal traer a millones de hombres y mujeres que confiaron en promesas falsas por parte de quienes dijeron volver para ser mejores, pero que hoy tienen sumidos en la miseria, la incertidumbre y la desesperanza a la mayoría, por no decir a todo, el conjunto social argentino.

Massa, una vez más, demuestra ser un hombre pragmático, desligado de lealtades y poseído por una ambición de poder que el mismo parecería desconocer.

Su idea de siempre fue acceder al gobierno como lo hará ahora: no por la voluntad soberana del pueblo, quien no lo acompañó cuando fue candidato a presidente en 2015, sino por la componenda de un hombre desdibujado, Alberto Fernández y de una mujer acorralada por la Justicia, Cristina Kirchner.

«La necesidad tiene cara de hereje», dice el refrán, y éste parece ser el caso por el que Massa pasará a «cortar el bacalao» en Argentina a partir de que asuma.

Sergio Massa marcó su hoja de ruta para la semana entrante

El tremendo temor que une a numerosos funcionarios del arco del Frente de Todos a perder el poder el año que viene y ahora si enfrentar a los jueces por las innumerables causas de corrupción que avanzan en Tribunales, los llevó a buscar la única salida posible: empoderar a un hombre que saben que más temprano que tarde no les será fiel sin ningún remordimiento.

«No quedaba otra. Había que salir de la ratonera en la que estamos. Ya habrá tiempo luego para tomar las precauciones por las jugarretas de Sergio (Massa) que ya sabemos van a venir», fue lo que deslizó un dirigente cristinista salteño que ya sabe lo que pueden esperar del futuro superministro.

En el análisis sin pasiones de la realidad nacional, la aparición del tigrense es la última carta que le queda a este gobierno para no naufragar en el corto plazo.

Con todos los indicadores en contra, sin credibilidad afuera y adentro del país, con una inflación sin control, con aumentos de precios diarios, aumento de pobreza e indigencia, alarmantes índices de inseguridad, la peor imagen de sus principales referentes y con encuestas que le indican que perderían la elección del año que viene en primera vuelta, a la alianza oficialista no le quedó otra que echar mano al «menos malo», por eso suben al podio a un dirigente que siempre, para Cristina y Máximo Kirchner, fue poco confiable ya que más de una vez amenazó con terminar con ellos.

Ahora, acuciados por la angustia de perderlo todo, corren a su encuentro y le encargan la salvación del gobierno.

«No soy el salvador», ha dicho Massa, desalentando soluciones mágicas a la crisis, mientras a la vez crea un escudo protector hacia su figura.

Para muchos kirchneristas que veían en él un enemigo y un traidor, ahora deberán apelar a la vieja enseñanza política que indica que, en ocasiones, se debe «tragar amargo y escupir dulce», y eso es lo que harán ahora, porque no les queda otra.

Un hombre que supo pasar sus años mozos en todo tipo de cuestiones políticas, comentó que las personas como Massa siempre andarán bien en la política porque jamás adquieren compromisos con nadie.

«Son ellos y siempre ellos, por eso no tienen problemas en volver a acordar con quienes tiempo atrás descalificaron de una y mil maneras», asegura y remata diciendo que «para ellos», la traición siempre pagó y seguirá pagando.

Lo cierto es que su designación provoca, como siempre ocurre, alegrías y odios y hay quienes se alegran y quienes lanzan maldiciones hasta en arameo.

Sergio y Gustavo

Adónde su nuevo status político fue celebrado con pitos y matracas fue en el Centro Cívico Grand Bourg, sede del gobierno de Salta.

Pocos han olvidado a nivel nacional, la férrea amistad que el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, mantiene con el ahora superministro que se creó cuando ambos compartieron fórmula presidencial en 2015 y llevaron adelante una intensa campaña electoral que los unió más allá de la política.

Allí surgió entre ambos una amistad que se afianzó en estos años, y según cuentan personas cercanas al gobernador salteño, habría sido él quien le habría aconsejado a Sáenz dejar de lado los «corset partidarios» y enfocarse en atender los problemas de quienes le confiaron su futuro.

Eso es lo que el gobernador Sáenz viene haciendo desde que fue intendente de la Capital, ya que en su gestión no le importó ser catalogado de macrista como tampoco ahora le importa que lo tilden de albertista, porque tanto con uno como con otro y por encima de pertenencias partidarias, logró que las administraciones nacionales atendieran antes y atiendan ahora sus pedidos.

«Eso es massismo puro. Dejar de la lado sellos políticos y conseguir lo que la ciudad o la provincia necesita», dijo un funcionario hace tiempo cuando le reclamaban a Sáenz ser macrista antes y albertista ahora.

Gustavo Sáenz quiere a Sergio Massa en Economía

Todos, inclusive otros gobernadores, intuyen que Salta se verá beneficiada con el apoyo del gobierno nacional, porque el nuevo hombre fuerte del gobierno tiene desde años atrás una fuerte amistad personal y política con el mandatario salteño.

Varios funcionarios y asesores en los pasillos de Casa de Gobierno, se frotan las manos y comentan animadamente que la suerte lo sigue acompañando a Gustavo Sáenz.

Pero más allá de eso, lo cierto es que el nuevo ministro deberá apelar a su mejor repertorio para sacar al país y a su gente del pantano en el que está.

El miércoles venidero, dijo que él mismo anunciará medidas y allí comenzará a correr su tiempo.

Todos, por diferentes razones, estarán a la espera de lo que diga y haga.

Los K esperarán que salve su gestión que consideran perdida, y evite que muchas de sus principales figuras terminen tras las rejas.

La oposición, aunque disimuladamente, esperará que «fracase con todo éxito».

La gente, el ciudadano de a pie, la «gentecita», esperará que le mejore, aunque sea un poquito, su sufrida vida diaria.

Habrá que esperar.

Por encima de todo, la pregunta que gana la escena en este tiempo es si ¿será Massa el hombre que el país necesita en esta hora?.

Por ahora nadie lo sabe… seguramente ni él mismo.