En un acto de campaña en Junín, el Presidente dijo que los K están preocupados porque sus funcionarios les están quitando la exclusividad en actos de corrupción. Javier Milei como su tropa, siguen sin reacción ante el caso de coimas desde la Agencia Nacional de Discapacidad.
DANIEL SALMORAL.- «Señor Juez, mejor que me defienda el fiscal», es una frase conocida en ámbitos judiciales cuando un abogado comete errores graves en defensa de un acusado.
Eso mismo podría aplicarse a Javier Milei quien tratando de salvar a su hermana Karina y Lule Menem, tuvo un acto de sincericidio al decir que los kirchneristas «están molestos porque les estamos afanando los choreos».
La frase que golpeó más a los sospechados de coimear desde la Agencia Nacional de Discapacidad con medicamentos destinados a los más vulnerables y que son nada más y nada menos que su hermana, quien a la vez es secretaria general de la Presidencia y uno de sus principales operadores políticos, Eduardo «Lule» Menem, lanzada por el primer mandatario en un acto de campaña electoral en Junín esta noche de lunes, no hace más que aportar una cuota más de desconfianza en una sociedad que, atónita, asiste a este espectáculo de más corrupción cuando este «outsider» llegó al poder prometiendo que la erradicaría de raíz.
Este hecho que empieza a ser conocido como el «coimagate» se suma al de criptomoneda, y tienen como principales protagonistas a los Milei y los Menem.
Ambos hechos hacen añicos la confianza no solo en el Presidente y su funcionarios, sino lo que es más grave aún, en el propio sistema democrático, la política, los políticos y el futuro.
Sin una estrategia de defensa, los pocos oficialistas que trataron de ensayar un principio de salida a la crisis fracasaron de forma rotunda, y terminaron abonando la teoría de que los hechos de corrupción que comenzó a investigar la Justicia, terminarán siendo ciertos.
Solo la falange de fanáticos mileístas, una copia de los fanáticos cristinistas, niegan sin ninguna certeza que los Milei, los Menem y otros cercanos al tema, tengan culpa alguna.
«Ponemos las manos en el fuego» se escucha decir temerariamente por parte de funcionarios e incondicionales mileístas, tal como desde la otra vereda lo hacen los cristinistas aún cuando su jefa política fue condenada luego de pasar por 16 jueces y fiscales que intervinieron en la llamada «Causa Vialidad».
Los «soldados» del Gordo Dan, que orgullosamente dicen ser el «brazo armado» de «las fuerzas del cielo», ya se enfrentaron a golpes y piedrazos con los kukas del cristinismo quien salieron a insultarlos y tirarles con lo que tenían a mano, cuando se dirigían al mitin político de Junín.
Mientras los fanas se atacan entre ellos, la mayoría de la sociedad agobiada de tanto robo e ineficiencia en más de dos décadas, asiste desencantada a este nuevo capitulo de saqueo de los dineros públicos, ahora protagonizado por tipos/as que se llenan la boca hablando de decencia.
«Son todos la misma mierda», dicen sin vueltas en redes sociales, quienes hicieron el mayor sacrificio en este tiempo de gobierno liberal mientras la «casta» sigue gozando de sus privilegios de siempre.
Ahora, con un proceso electoral a la vuelta de la esquina, la pregunta que se hacen muchos ciudadanos de a pie es a quién confiar su voto.
«Qué hacer ante tamaña frustración»?, se preguntan millones de argentinos mientras otros, que ya desde hace tiempo reniegan del sistema y lo ignoran sin complejos, sostienen que todo esto les da más razón para alejarse de todo lo que tenga que ver con candidatos y elecciones.
Por estas horas, el hartazgo está llegando a su máximo nivel.
Epilogo
En abril de 1987, en la misa conmemorativa del quinto aniversario del desembarco argentino en Malvinas que se realizaba en la Iglesia Stella Maris, el vicario castrense José Miguel Medina tuvo una dura homilía contra el gobierno de Raúl Alfonsín.
La reacción del entonces Presidente no tuvo precedentes, no se volvió a repetir y enmudeció a toda la parroquia.
Alfonsín, ante la sorpresa de todos, tomó la palabra y dijo:
“Aquí se ha hablado de coima y de negociados, si hay algo que todos nosotros porque de alguna manera tenemos responsabilidad de gobierno, es la honradez de nuestros procederes, la dignidad de nuestra acción, la moralidad que debe aparecer como cristalina en todo momento. Y se lo ha dicho esto delante del Presidente, seguramente porque se conoce algo que el Presidente desconoce. De modo que yo solicito también públicamente que, si alguien de los presentes conoce de alguna coima o de algún negociado, haciendo honor a los hombres que murieron por la patria, haciendo honor a nuestras mejores tradiciones que aquí han sido señaladas, lo diga y lo manifieste concretamente”.
Y terminó diciendo: “No hay nada que precie tanto el Presidente de la Nación como la honradez en los procederes del gobierno. Yo le agradezco a monseñor Medina sus conceptos y quiero darle una tranquilidad: estamos transitando el camino de la patria grande, con el esfuerzo y el sacrificio de muchos, poniendo por delante el futuro que queremos para nuestros hijos. Vamos agrandando nuestra patria”.
Viendo lo vivido durante el kirchnerismo y ahora con los mileístas, el deseo sale natural: cuánta falta haría en este tiempo un Alfonsín para terminar con tanto choreo por parte de simples malandrines, disfrazados de funcionarios públicos…







