Si bien la labor del periodista fue siempre cuestionada, perseguida y combatida por los diferentes gobiernos, nunca como ahora con Javier Milei en la presidencia y su tropa de lumpenes en redes sociales ha estado más amenazada. El Poder Legislativo y Judicial deberán velar por la plena vigencia de la libertad de expresión.
DANIEL SALMORAL.- Cada 7 de Junio en Argentina se celebra el Día del Periodista en homenaje a Mariano Moreno, considerado el primero luego de lo que fue la Revolución de Mayo de 1810.
La Gazeta de Buenos-Ayres (sic) fue un periódico impreso en Buenos Aires entre 1810 y 1821 con el objetivo inicial de publicitar los actos de gobierno de la Primera Junta.
La publicación de los documentos oficiales fueron redactados por Moreno, de allí que se lo considere el primer periodista argentino.
En este año 2025, es el periodismo quien más amenazas ha sufrido de parte de quien se supone, desde la primera magistratura, debería velar por su tarea a fin de garantizar su vigencia plena en el sistema democrático que también, se supone, está viviendo la sociedad argentina.
Sin embargo, es el propio presidente Javier Milei quien lo amenaza a la vez que incita a sus hordas a descalificarlo y generar un estado de rechazo en la sociedad toda.
«No se odia lo suficiente a los periodistas», soltó Milei haciendo uso de una irresponsabilidad absoluta buscando generar con ello, rechazo hacia una de las labores esenciales para la plena vigencia de la Democracia.
Indudablemente para él, un personaje oscuro con un desconocimiento pleno sobre lo que es vivir al amparo del estado de derecho, la labor del periodismo cae en la consideración de enemigo, desconociendo que una de sus primeras obligaciones es poner al descubierto hechos sospechados de corrupción como es la $LIBRA, y otros que cometan sus funcionarios públicos desde los despachos oficiales.
Al titular de la Casa Rosada no le gusta el periodismo que no cante loas a sus actos de gobierno, aún cuando algunos de ellos merezcan ser cuestionados porque golpean fuertemente a importantes sectores sociales.
Milei sólo se siente cómodo con periodistas genuflexos a quienes no duda en «ensobrar» para que acepten sus más infames humillaciones, y reniega, insulta y amenaza a quienes cumplen con honestidad intelectual la labor social que se les ha encomendado.
Los papelones que se vieron en reiteradas ocasiones por parte de comunicadores que siguen a rajatabla lo que se les ordena desde su gobierno, muestran hasta qué grado se ha deteriorado la labor de informar y comentar los actos de su gestión que es la sagrada labor del periodismo.
Es indudable que ni el Presidente ni su corte de alcahuetes disfrazados de periodistas, tuvieron en cuenta lo que dos intelectuales que trascendieron el tiempo a principios del siglo XX. dijeron sobre lo que debería ser el ejercicio de este noble oficio o profesión.
George Orwell, por ejemplo, dijo que «el periodista debe ser abogado del hombre común y fiscal del poder».
También, que “la libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”.
Albert Camus, por su parte, que “una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”.
Tres definiciones contundentes sobre lo que tiene que ser la esencia en el trabajo diario del periodista, pero esto por parte de Milei no es tenido en cuenta, pero no fue el único.
Siempre perseguido
A lo largo de la democracia recuperada desde 1983, el periodista siempre sufrió cuestionamientos y «aprietes» desde el poder.
Algunos más y otros menos, siempre el periodismo estuvo amenazado por los gobernantes de turno.
Lo que hacía el kirchnerismo mandando a escupir afiches de periodistas críticos en las calles, fue una muestra de la barbarie a la que llegó esa expresión política para intentar tapar los miles de actos de corrupción que protagonizaron durante casi veinte años, y que solo los periodistas, no la justicia, daban a conocer entonces.
Hoy, esas denuncias públicas hechas por un puñado de periodistas, son las que permitieron que otrora poderosos personajes corruptos ya estén tras las rejas y otros estén pronto a seguir por el mismo camino.
La construcción democrática exige que sea la misma sociedad quien vele por la salud de sus instituciones, y entre ellas el periodismo es parte fundamental.
Alguna vez alguien dijo que para los gobernantes lo ideal sería que existiera un mundo sin periodistas.
Por el contrario, desde las redacciones de los medios gráficos era habitual, al menos en décadas anteriores, que un director le preguntara a un periodista a quién del gobierno había molestado con su escrito ese día y si la respuesta era negativa, le decía que entonces no estaba haciendo bien su labor.
«El periodista debe molestar, incomodar y cuestionar a quien gobierna. Eso es lo que la sociedad espera de los periodistas», decían algunos directores y eso debería ser tenido en cuenta por quienes ocupan las poltronas en los despachos oficiales de los tres poderes del Estado.
Epilogo
En este tiempo con un presidente anarco – libertario que lo único que le interesa son los números de la macro economía y las finanzas, la libertad de expresión y los periodistas están claramente amenazados en todas las formas posibles.
Tendría que ser la propia política, a través de su dirigencia, quien rechace de manera contundente estos actos de persecución y amenaza constante hacia hombres y mujeres que llevan adelante la encomienda de informar y opinar sobre la cosa pública.
El Congreso, el Poder Judicial y las organizaciones sociales, deberían expresarse con palabras y hechos contundentes rechazando las amenazas del Presidente, funcionarios y su ejército de lumpenes en redes sociales, hacia los hombres y mujeres periodistas.
Para cerrar esta columna especial por este día, volvamos a Albert Camus, quien en su «El manifiesto del periodista» publicado en 1939, expresa un poderoso alegato sobre la libertad de prensa y el deber que tiene el periodista para con la verdad.
En el texto, Camus advierte «sobre las amenazas que se ciernen sobre el periodismo: la censura, la desinformación y la propaganda».
Entonces, recomienda al periodista que «se aferre a su espíritu rebelde y que mantenga la serenidad en un mundo convulso».
Camus se pregunta «cómo un periodista puede ser libre frente a los abusos del poder, sus servidumbres y las censuras».
Más allá de la libertad de prensa, «está preocupado porque el periodista mantenga libre su espíritu».
«El problema no concierne a la colectividad. Concierne al individuo», afirma.
Finalmente en su manifiesto, propone cuatro mandamientos del periodista libre: “la lucidez, el rechazo, la ironía, la obstinación”.
Enorme desafío para quienes hicimos del periodismo nuestra esencia de vida…






