DANIEL SALMORAL.- Desde hace unos años, en los que aún quedaban resabios de inteligencia política empezamos a asistir a la ruptura del tejido social de la Argentina que no encontraba en ningún partido político conocido que los representara como para no perder paulatinamente el nivel de vida socio económico e intelectual. Sobre todo aquella reconocida y fuerte clase media Argentina. Sin lugar a duda un país literalmente envuelto en llamas, al borde de su desintegración como nación, nos permitimos seguir buscando fórmulas milagrosas, a proponer salidas coyunturales, a copiar modelos, o pensar siempre que algún iluminado llegará y nos sacará del pozo. Porque siempre nos creímos ser mucho más de lo que en realidad somos y que el mundo gira alrededor de la Argentina.
Hoy, a pocos días de comenzar el año 2021, una gran mayoría de la ciudadanía vive en la peor incertidumbre ante una suerte de devastación ideológica pero fundamentalmente moral que nos ha entrampado en un callejón sin salida. La tan gloriosa otrora Argentina es una vergüenza universal, un país quebrado, sin metas ni proyectos solo, desde hace unos años, tratando de encontrar planes de pagos para su deuda externa que crece y seguirá creciendo inconmensurablemente con la continuidad de un proyecto político, llamado progresismo que esconde detrás de si la más vergonzosa impunidad de oscuros personajes que forman parte de un proyecto que en los años setenta se los identificaba como comunistas o guerrilleros pero que fracasaron en un intento de asalto al poder que trajo aparejado una de las más crueles y sangrientas épocas de nuestra historia.
En este estado de situación del país en el que Salta no es la excepción y no dudo en calificar como dramático, la dirigencia de la UCR vive detenida en el tiempo, sigue cometiendo errores, alejándose de la gente que a diferencia de la elección del 83 va negándole paulatinamente el apoyo ubicándola en una de una de las minorías en los cuerpos legislativos cuando no nos deja sin representación. Como si todo esto fuera poco y habiendo perdido toda sensibilidad política se dan el lujo de expulsar o sancionar correligionarios para evitar confrontar con ellos. Verdaderamente lamentable, pero parece ser que nuestro futuro esta inexorablemente ligado al fracaso. Quienes ostentan el poder en el partido desde hace ya varios años se niegan a reconocer una obviedad, la gente no cree en el partido radical ni solo ni en acuerdos políticos provinciales.
Muchas veces desde el retorno a la democracia en el año 1983 hemos vivido nuestras internas con tanta pasión que hasta hemos sido motivo de burlas de la sociedad que miraba atónica ese escenario, pero el país a pesar de todo aun navegando en aguas torrentosas creía en ese glorioso partido que había dado muchas muestras y ejemplos de hombres probos cuya estatura moral marcaron rumbos desde la ética republicana. Pero empezamos a decrecer y a transformar a las estructuras partidarias en cotos de caza en la búsqueda solamente del beneficio de unos cuantos y en detrimento de su razón de existir.
Si se va a buscar eliminar a futuros contendientes internos con sanciones, que desde ya condeno como falaces, van a tener que responder en el futuro a los hijos, porque ellos lo van a demandar. El partido debería ser, con sus matices, un contenedor que amplíe su base de afiliación en la búsqueda de consensos que saque a nuestro partido de la actual dispersión e inmovilidad aún dentro de la coalición Juntos por el Cambio que a pesar de algunos no podemos abandonar en una crisis tan profunda como la que vivimos. Para competir debemos aceptar que frente a la oferta política del justicialismo que, en una jugada impensada y maquiavélica, nos desalojó del poder no nos permite reincidir en los mismos errores
Realmente parece ser cierto aquello de que para un radical no hay nada peor que otro radical.
La generosa argentina de otros años dejó de existir. Los márgenes para ejercer con responsabilidad la política están acotados al punto de desaparecer ante la insistencia de la idiotez malintencionada.
Por todo ello expreso mi repudio a supuestos actos de reorganización del partido que sigue navegando en la incertidumbre sin identidad ni idoneidad con el único objetivo de cubrir expectativas personales como viene siendo hace varios años.
Al mismo tiempo exijo a quienes corresponda, según la sucesión prevista en nuestra carta orgánica, procedan a normalizar los cuadros directivos, ante la expectativa casi inmediata de proceder a gestionar ante quien corresponda, nuestra participación en las próximas elecciones legislativas para sostener nuestra representación legal en ese evento provincial.
Que quede claro, de no encontrar una salida inteligente asistiremos a la desaparición definitiva de la UCR en Salta.
*El autor es dirigente radical – diputado provincial (MC)
Fuente: danielsalmoral.com.ar





