DANIEL SALMORAL.- Los cinco días de furia de Cristina Fernández de Kirchner que terminaron pulverizando el gobierno y la figura presidencial de Alberto Fernández, sirvieron para demostrar a todos y todas, que buena parte de la dirigencia política de nuestro país no conoce o lo que que es peor ignora como vive buena parte de la sociedad argentina, quien es constantemente acosada por el hambre, la inseguridad, el desempleo, la pandemia, la droga, y la falta de esperanza de un porvenir mejor, entre otras cosas.
La pelea palaciega que mostró el rostro desencajado de la vice presidenta vapuleando la investidura presidencial a la que rameo por el suelo sin pudores, mostró de manera clara que para la viuda Kirchner no puede existir nada que se interponga entre sus deseos o caprichos porque si es así, hará lo que sea para dejar en claro quien tiene el poder aunque para ello dinamite la credibilidad de una gobierno que todavía tiene por delante dos años de mandato.
También la pelea dejó una pálida imagen presidencial y dejó expuesto ante todos, propios y extraños, que Alberto Fernández está lejos de ser un presidente, ya que por sus defecciones ante su vice exhibió que a lo sumo su figura se puede comparar con la del gerente de una cadena de lugares de comidas rápidas.
Alberto, quién en verdad nunca soñó llegar a la presidencia de la República, hizo ver que en verdad es otro aventurero de la política que vio la oportunidad de dar un salto impensado y no dudó en hacerlo, aunque para ello tuvo vender su alma al diablo y tragarse palabras que solo tiempo atrás sostenía no solo sobre Cristina sino sobre sus gobiernos a los que calificó de ineficientes y corruptos.
Como un aventurero audaz, cuando le ofrecieron ponerse la banda presidencial, no dudó un instante aunque siempre supo que el poder no pasaría nunca por sus manos y solo se tendría que limitar a cumplir con lo que la verdadera jefa y sus coroneles la irían indicando a medida que avanzara la gestión.
Tanto él como su jefa, imaginaron que la cosa sería fácil pero ya embarcados, apareció la pandemia y con ella la crisis económica y social se profundizó y desenmascaró a esta dupla que tenían como objetivo timar a todos y todas de nuevo.
La humillante derrota electoral en las primarias y ya con Alberto en la Quinta de Olivos, producto de una pésima gestión que llevó a que el país alcance cerca del 50% de pobres; un 14% de indigentes, con una inflación que este año superará el 51% y con una cifra escalofriante de muertos por Covid-19 producto de un manejo criminal en el tema de las vacunas, dejó al descubierto la peor cara de un grupo de improvisados y oportunistas que se instalaron en los despachos oficiales para preservar sus privilegios, garantizar impunidad y tratar de ver si tienen la oportunidad de dar otro golpe y alzarse con un nuevo botín.
Eso si. De los problemas de la gente, nada.
Haciendo vida palaciega dejaron de lado los problemas cotidianos de una sociedad agobiada por problemas de todo tipo y necesitada de gobernantes de carne y hueso que en verdad de ocupen de sus cosas.
En las PASO, la mayoría de los argentinos/as les dieron una cachetada tremenda a Alberto y Cristina diciéndoles que estaban cansados de su indiferencia y olvido y que les retiraban el apoyo dado dos años antes.
El mapa de una Argentina pintada de amarillo enloqueció a la viuda quién presurosa salió a buscar culpables y ya se sabía que el pato de la boda sería el Presidente.
Por eso, lo primero que hizo fue pedirle la cabeza de sus más allegados y allí comenzó la crisis que dejó al descubierto la fragilidad presidencial que lleva a preguntarse si de esta forma, con cero credibilidad y confianza, podrá llegar a cumplir con el tiempo que le queda de mandato, en un país, un continente y un mundo convulsionado no solamente por lo que queda de la pandemia sino por las condiciones económicas y financieras a las que se enfrenta nuestro país más allá de quien gobierne.
La crisis palaciega hizo ver en carne viva, que Alberto, Cristina y su troupe, viven en un termo y alejados de la realidad de todos los días de quienes tratan de sobrevivir como puedan y a pesar de ellos.
Este lunes 20 de Setiembre arranca, dicen desde el palacio, una nueva etapa de gobierno, pero no hay que ilusionarse porque lo único que tienen en mente es ver si pueden revertir el resultado de las PASO y ganar las elecciones generales, para así salvar de la cárcel a la jefa de la banda y a los/as cómplices que la acompañaron en sus fechorías de años pasados.
Su único objetivo es ese.
De los problemas de la gente no se ocuparon ni se ocuparán, porque como afirma una dirigente ultra cristinista en Salta y sin que se le mueva un pelo, «Cristina es demasiado importante políticamente para ocuparse de esas pelotudeces de todos los días. Ella está en verdad para las grandes cosas».
Telón y final…






