Los hechos de violencia después de la aprobación de la Ley Ómnibus en Diputados y las amenazas para impedir que gobierne y que caiga cuanto antes que le hicieron desde distintos sectores, sumado a la terrible crisis económica y social que castiga a la gente, ameritaría que el Presidente por lo menos tenga en cuenta esta posibilidad.
DANIEL SALMORAL.- Dirigentes libertarios salteños comentaron que cuando se mostró el tablero de la Cámara de Diputados que exhibía que el proyecto de la denominada «Ley Ómnibus» había sido aprobado por 144 votos afirmativos contra 109 negativos, aunque con importantes modificaciones de lo que era originalmente, el presidente Javier Milei y su círculo más cercano lo celebraron con exacerbada euforia y hasta con lágrimas de alegría.
Es que cuando cerró la votación en el recinto legislativo, fueron prácticamente todos los diputados quienes miraron el tablero, generando con lo que veían la alegría de los libertarios «puros», las caras de satisfacción de sus aliados y la bronca indisimulable del bloque kirchnerista y de la izquierda, cosa que también se reflejó afuera del Congreso donde las barras k e izquierdistas en una actitud propia de antidemocráticos y golpistas, comenzaron a atropellar policías, arrancar baldosas y quemar contenedores con basura, expresando así su bronca por lo que se había aprobado mayoritariamente.
El triunfo del Gobierno al que algunos opositores calificaron como «pírrico», fue el primer motivo importante para que el Presidente y su gente festejen y esperen, aunque con reservas, lo que pueda pasar con el proyecto el martes venidero, cuando a partir de las 14 horas comience a ser considerado en particular, cuestión en la se adelanta que van a aparecer los choques no solamente con la oposición sino sobre todo con los circunstanciales aliados.
Es que buena parte de los temas que deberán pasar bajo la lupa de los legisladores, ya en la «sintonía fina», son en verdad delicados como el otorgamiento de facultades al presidente; movilidad jubilatoria; privatizaciones de las empresas que quedaron sujetas a esa posibilidad y más que nada la coparticipación o no, con las provincias, del «impuesto país» que es lo que ahora reclaman con fuerza los gobernadores.
También, ya comienza a ser tema de preocupación del oficialismo la suerte que pueda correr la «Ley Ómnibus» en el Senado, donde la historia es distinta ya que muchos senadores no responden a los gobernadores y la tarea para convencerlos que apoyen, tendrá que hacerse entonces de manera personal con cada uno de los que no pertenezcan al bloque de Unión por la Patria, que ya se sabe votarán en contra.
En esta cuestión, reconocen desde el intestino de La Libertad Avanza, lo que aflige es la falta de negociadores calificados para llevar adelante una labor que requiere de mucha experiencia política, algo que la dirigencia libertaria no tiene, por lo que ese asunto lo deberán realizar senadores y dirigentes aliados pero vaya a saber a qué precio,
«Imagínate que pedirán los senadores ‘amigos’ a los que el oficialismo les pida que hagan este trabajito», ya se empieza a escuchar decir.
Victoria Villarruel, la presidenta del cuerpo y vicepresidenta de la Nación, ya mostró cierta «muñeca política» a la hora de elegir las autoridades del cuerpo y principalmente de las comisiones, pero ahora la historia es otra y por eso genera dudas sobre lo que puede pasar en este otro ámbito legislativo.
Pero más de allá de esas cuestiones, muy importantes por cierto, la realidad de la hora indica que Milei, quien arrancó su gestión con apenas una treintena de diputados propios, logró en la primera tenida con la oposición una verdadera victoria política que lo entusiasma con lo que viene aunque debería ser mesurada ya que el panorama político que viene no se muestra sencillo.
Los opositores duros, k e izquierda, ya dieron muestra que no le darán respiro en ningún terreno a la gestión libertaria, por lo que el Presidente para su gestión y no sólo en lo parlamentario, va a necesitar de aliados permanentes.
«No lo vamos a dejar gobernar y no pararemos hasta que caiga este gobierno ajustador y represor», han expresado en las movilizaciones dirigentes no solo políticos sino también gremiales y sociales que están en la vereda de enfrente.
La amenaza, repudiable por cierto, no hace más que mostrar un dato de la realidad y de lo que viene.
Algunos sectores del peronismo, no todos obviamente y esto es fundamental dejarlo en claro, han mostrado a lo largo de la historia política contemporánea argentina que siempre están dispuestos a jaquear a un gobierno que no sea de su signo y a hacer lo necesario para que, más temprano que tarde, caiga.
Como ejemplo, hay que recordar los trece paros generales que la CGT de Saúl Ubaldini le hizo al gobierno del radical Raúl Alfonsín apenas se había recuperado la democracia, y el continuo esmerilamiento que Eduardo Duhalde le realizó al gobierno de la Alianza con otro radical, Fernando de la Rúa como presidente hasta que cayó y lo dejó a él como el «salvador» de la patria.
Lo mismo intentaron hacer con el gobierno de Mauricio Macri pero no lo consiguieron, aunque se cansaron de «poner palos en la rueda» y generar intrigas de todo tipo con la ilusión que caiga.
Ahora, luego del estrepitoso fracaso del gobierno de Alberto y Cristina Fernández, al que al final sumaron a Sergio Massa nada más que para hacerlo «socio de sus desgracias», han quedado en la «pampa y la vía» por eso necesitan recuperar rápidamente el poder porque si no lo hacen, corren el serio riesgo de «evaporarse» aunque este término suene increíble o escatológico.
En esa tarea está, antes que otros, la CGT de Pablo Moyano que necesita mostrar y convertirse en la principal oposición a Javier Milei y a la vez ganar liderazgo en el planeta pejotiano que hoy no tiene una conducción clara y firme.
Esto, sumado a una izquierda que afirma que no importa si no consiguen votos en las urnas porque ellos controlan la calle y desde allí tumbarán al gobierno, más los movimientos piqueteros cuyos conocidos referentes ven con angustia como día día se le escabullen de sus manos millones de pesos que antes manejaban a placer, conforman un combo autoritario explosivo por demás peligroso para cualquier gobierno democrático.
Epílogo
Observando este escenario, la pregunta que no pocos dirigentes políticos de distintos partidos pero convencidos que hay que cerrarle todos los caminos a los intentos golpistas, vengan de donde vengan se han comenzado a formular, es si el presidente Milei teniendo como experiencia lo que consiguió con sus aliados en la Cámara de Diputados, no tendría que empezar a considerar el llamado a un gobierno de concertación nacional con otras fuerzas y dirigentes políticos con prestigio y no con prontuario, que le permita llevar adelante, en base al consenso y el aporte de prestigiosas figuras en todos los terrenos, una gestión sin trampas en el camino que le garantice llegar a buen puerto con los cambios profundos que le propuso oportunamente a la sociedad argentina.
Es obvio que la empresa no sería sencilla, pero significaría una posibilidad cierta de terminar definitivamente con los destituyentes, pero lo más importante también, con tanta frustración acumulada que, como se está viendo, sigue castigando a la gente de carne y hueso y no a la casta como se había prometido.






