Inicio Destacadas Alberto, el Quijote argentino… Por: Daniel Salmoral

Alberto, el Quijote argentino… Por: Daniel Salmoral

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DANIEL SALMORAL.- La desperación de Alberto Fernández por quedar bien con Cristina Kirchner quien hace rato dejó de darle «bolilla», lo lleva por estas horas a apretar, al más puro estilo mafioso, a gobernadores, legisladores, sindicalistas, o a cualquiera que pase por la puerta de la Casa Rosada, para que lo apoyen en el pedido de Juicio Político para los jueces de la Corte Suprema, mostrando así hasta que grado puede llegar la estupidización de una persona cuando ha perdido todo, más que nada, la ética y la dignidad.

Con esta jugada que pone en riesgo como nunca antes la institucionalidad y la Democracia Republicana en Argentina, Alberto muestra que lo único que le queda por hacer es intentar terminar su relación de la mejor manera, con quien lo llevó a la primera magistratura del país para someterlo a sus más bajos instintos políticos.

La verdad que todo este circo montado por Fernández, tiene cómo único interés ver si consigue los votos parlamentarios para echar a los ministros de la Corte, no porque hayan fallado a favor de CABA por el reclamo de los fondos coparticipables, sino porque sabe que esos cuatro jueces serán los que le pondrán la lápida política definitiva a su jefa, la vice también Fernández, cuanto dejen firme -podrían incluso darle mas años- el tiempo de cárcel que pidió para ella el TOF 2 en la Causa Vialidad.

Para Cristina Fernández, que también vive en su propio planeta, ella es la víctima de «oscuros personajes liberales» que no la dejan disfrutar, junto a sus hijos y ex funcionarios, también delincuentes, del botín que le robaron a los argentinos, sobre todo a los más pobres, durante más de una década.

La Vice, se sabe, nunca reconocerá que si la Justicia la condenó en esta primera causa y podría hacerla también en otras que esperan turno para ventilarse en juicios orales y públicos, es porque se probó que hubo delitos y graves, por eso sigue con esta mala puesta en escena, a la se vio acompaña cada vez menos gente, para ver si logra no ya salvar su pellejo que ya recibió lo suyo, sino el de sus hijos Máximo y Florencia Kirchner, sobre todo de la segunda, que tarde o temprano, si sabemos, terminará siendo «carne de presidio».

Por eso lo arrinconó a Alberto para que monte esta locura de arremeter, tal como lo hacía el Quijote de la Mancha con los molinos de viento, contra los supremos jueces como una jugada triste, solitaria y final, para intentar quebrar un destino ya conocido.

La maniobra, temeraria, golpista y propia de un pirata o aventurero en desgracia, va camino a otro fracaso de la Vice en su cruzada contra los jueces.

No tiene, por eso evita hablar del tema, los votos en ambas cámaras para, cimitarra en mano, cortarles la cabeza a sus «enemigos más odiados», de otra manera ya lo hubiera ejecutado hace rato.

Los 2/3 que necesitan en Diputados y Senadores están muy lejos para conseguirlo y eso lo saben, sin embargo siguen adelante con la complicidad de algunas, no todas, figuras genuflexas que en verdad provocan verguenza ajena decirles «mandatarios».

No obstante, insitirá mientras victimiza a la provincia de Buenos Aires y su gobernador Axel Kicillof, ya que se sabe allí será su «aguantadero» a partir del 10 de diciembre de 2023, cuando sean desalojados de la sede del gobierno nacional.

Ella, por las dudas, será senadora nacional por esa provincia, y desde esa banca, con fueros, buscará evitar que su prole termine pagando por tantas fechorías que junto a su banda cometió, al estilo de los famosos Dalton, durante mucho tiempo.

Mientras ellos, Presidente y Vice se ocupan de eso, los millones de argentinos siguen esperando que atiendan sus angustias de todos los días, de todas las horas.

Sabe, la gente, el pueblo, que no lo harán, por eso a lo único que se dedican ahora, es a sacarle hojas al almanaque ilusionados que cada una que quiten, los acerca más a la salida, democrática, de esta impresentable caterva de «descuidistas» que asolaron al país como una de las plagas más dañinas.