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Al final, hubo salto al vacío… – Por: Daniel Salmoral

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Este pueblo ya no tiene, ya no quiere y tampoco puede soportar más derrotas, por eso con Milei en la presidencia y quienes estén en su oposición, tienen la obligación de alcanzar un acuerdo nacional en los grandes temas que, de lograrse, será histórico.

DANIEL SALMORAL.- Y al final en el balotaje, ganó el salto al vacío.

El salto hacia lo desconocido.

El salto hacia «lo que venga, sea bueno o malo, pero siempre y cuando sean otros quienes conduzcan los destinos del país», como dijo un trabajador del volante a un medio local la mañana del lunes.

Ganó Javier Milei, un outsider, un recién llegado a la política, pero no solamente a Sergio Massa, su rival directo en la segunda vuelta, sino a «politiqueros tradicionales» que desde hace cuarenta años pululan por distintos partidos y elecciones con resultados cambiantes pero siempre en escena.

El pasado domingo quedó en claro el hartazgo transversal de la mayoría de una sociedad que estoicamente viene aguantando fracasos de gobiernos que llegaron al poder con la promesa de mejorar su calidad de vida, pero que en los hechos lo que hicieron fue empeorarla lo que generó un cansancio social que se fue acumulando como el agua en un dique que al final este domingo pasado, se desbordó.

La vergonzosa gestión de Alberto

Los dieciséis años de kirchnerismo estallaron en manos de Alberto Fernández, un acomodaticio de la política que por la desesperación de Cristina Kirchner terminó ocupando el sillón presidencial no para que aplique su impronta gobernante, si tenía alguna, sino para que haga de gerente de la verdadera dueña del poder.

Cuando la viuda de Néstor Kirchner lo sentó en el sillón de la presidencia, estaba segura que él no haría otra cosa que seguir sus órdenes con la prioridad de ocuparse, primariamente, de liberarla de las causas judiciales que la atormentan y que luego de cuatro años se vio de manera clara que no pudo lograrlo.

Por el contrario, hoy la vicepresidenta está, judicialmente hablando, más acorralada que nunca por sus causas penales.

Sergio Massa, quien en el pasado fue K, luego anti K y después de vuelta K, terminó llegando a la principal candidatura de Unión por la Patria empujado por el espanto del espacio más que por ser el mejor candidato, y eso quedó en evidencia a lo largo de la campaña donde tuvo que luchar más con figuras impresentables propias que con las de sus adversarios.

Nadie, a estas alturas, puede negar que Massa usó «toda la pilcha» que tenía a la mano para lograr un resultado electoral exitoso, aunque de antemano sabía que le sería muy difícil.

«Hizo lo que pudo pero era muy dificultoso que triunfara cuando en plena campaña le aparecieron ‘los insaurraldes’; la banda de ‘Chocolate’ Rigaud y un Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, la mayor esperanza electoral que tenían, siendo incapaz de comprometer a los intendentes que como siempre hicieron la suya y dejaron que la candidatura presidencial de Sergio (Massa) se fuera a la mierda. Aparte, la gente al votar seguramente recordó el «Olivosgate», sumado a una inflación interanual del 150% y pobreza e indigencia con indicadores escandalosos, sumados a un aumento de precios diarios en productos esenciales, era muy difícil ganar esta elección», le dijo a este Portal un dirigente del PJ salteño con muchas cicatrices en el lomo.

Ahora, ya con el «diario del lunes», es sencillo deducir que lo que llega será complicado en todos los territorios partidarios, tal como lo adelantáramos desde estas columnas hace ya un buen tiempo, y en eso está incluido el tinglado del propio presidente electo, al que ahora deberá darle forma y volumen a fin que su liderazgo se consolide y se amplíe, y que no haya sido simplemente el emergente de una bronca masiva pasajera que con el paso del tiempo se diluya y lo que es hoy una expectativa nueva en la política argentina, se escurra rápidamente como agua en un canasto.

Por eso, post elección, el ciudadano de a pie está ansioso por saber qué vendrá en verdad de la mano del Presidente electo

Algunos, en redes sociales, ya están pidiendo que Alberto entregue ahora la banda y el bastón presidencial: «tres semanas es mucha espera», dicen consumidos por la  necesidad de ver de manera urgente cambios concretos en su realidad diaria.

La política quedó patas para arriba. Todo lo conocido murió el domingo.

Lo único claro es que esta dirigencia clásica ha fracasado y ya no tiene margen para seguir actuando como lo hizo hasta ahora.

La sociedad, desde todos los niveles, se encargó antes del último balotaje de advertirles que venían haciendo las cosas mal.

El más contundente fue el ruidoso «que se vayan todos que no quede ni uno solo» del 2001 y que el domingo pasado volvió a escucharse fuerte en los festejos del candidato ganador.

Epílogo

Ahora, ya con Milei como presidente, algunos políticos derrotados dan muestras que buscarán caer en actitudes golpistas que la propia gente de a pie ya les avisó que no están dispuestos a tolerar.

Ganó Milei y nadie sabe, en verdad, qué pasará con su gobierno.

Su triunfo demuestra que la mayoría de la sociedad argentina fue capaz de arrojarse al vacío empujado por la desesperanza cotidiana que le transmitieron quienes hoy todavía gobiernan.

«Esperemos que Milei haga lo que tenga que hacer para que salgamos aceleradamente de este pantano profundo», dicen desde los cuatro puntos cardinales.

Todos los argentinos, por encima de identidades partidarias, esperan que lo pueda hacer.

Este pueblo ya no tiene, ya no quiere y tampoco puede soportar más derrotas, por eso con Milei en la presidencia y quienes estén en su oposición, tienen la obligación de alcanzar un acuerdo nacional en los grandes temas que, de lograrse, será histórico.

Sería justo y necesario que así sucediera.

Por qué?, porque ya ningún ciudadano/a puede seguir soportando tanta frustración y fracaso.

Simplemente por eso… Nada más y nada menos, que por eso.