Quienes concurran a las mesas electorales salteñas dentro de tres semanas, tendrán que considerar que seguir eligiendo a quienes prioricen los intereses de sus jefes en vez de los de la provincia y los propios, será un acto suicida. Llegó la hora de no seguir comprando «espejitos de colores».
DANIEL SALMORAL.- La dirigencia política, oficialistas y opositores, han vuelto a llevar a la sociedad argentina a una situación que le costará superar.
Atrapada en un escenario perverso, por estos días se debate entre volver a un pasado que las mayorías consideran terrible y un presente al que no le ven futuro.
Angustiada y desilusionada, otra vez comprueba que fue engañada como ya lo habían hecho en 2019 cuando Mauricio Macri les había hecho creer, como Javier Milei en 2023, que dejarían atrás para siempre el populismo, la ineficiencia en la gestión pública y sobre todo la corrupción de 20 años de kirchnerismo en todas sus formas.
A tres semanas de la elección legislativa, la indiferencia en el comicio es lo que primero que asoma y luego la incertidumbre entre las principales opciones electorales, corporizadas en los candidatos de La Libertad Avanza o mileísmo y Fuerza Patria o cristinismo por sobre otras que parecería tendrán un carácter testimonial.
En las escasas respuestas que las encuestadoras obtienen cuando consultan sobre preferencias entre los aspirantes a las bancas en juego, un porcentaje importante se inclina en adelantar que le importa muy poco lo que hagan los políticos, por lo que vaticinan que apenas poco más de la mitad del padrón se encontrará con las BUP (boleta única papel) en las mesas de votación.
Esto indicaría que quienes elijan a los oficialistas, lo harán para que lleguen al Congreso «levanta manos» que apoyarán lo que les ordenen los hermanos Milei, aún cuando eso vaya en contra de sus votantes como ocurrió en estos dos años, o quienes sufraguen por los K lo harán por quienes buscarán la libertad de Cristina Kirchner dejando de lado cuestiones importantes para el cuerpo social, hoy atacado en áreas sensibles como discapacidad, jubilados, educación pública y falta de oportunidades para todos, más allá del lugar de residencia.
Para los legisladores libertarios que lleguen a las poltronas, lo prioritario será garantizar que los únicos temas que le importan a Milei, déficit cero y superávit fiscal sigan siendo intocables sin importar el resto.
Los graves problemas que enfrenta la sociedad a diario es evidente que no son lo primero para unos y otros y eso, con sus gestos sobre todo, lo dejan en claro en estos días previos al domingo electoral.
Por eso la gente de carne y hueso, se muestra esquiva y distante con la cita cívica.
«Los ciudadanos que podrían votar no aceptan estar en medio de esta puja de poder entre quienes ignoran sus necesidades básicas por eso tanta indiferencia ante el comicio», es lo que concluyen los analistas en sus lecturas preelectorales.
Otras vías
La situación está indicando que será necesario que la propia sociedad supere esta realidad y encuentre alternativas políticas a las conocidas en las últimas décadas, en las que ninguna de las que llegó a Balcarce 50 supo y pudo resolver problemas graves en todos los terrenos, en estos más de cuarenta años de democracia recuperada.
Hoy, buena parte de los argentinos/as, se sienten al límite de su capacidad para soportar más sufrimiento y promesas falsas.
Decepcionados, descreídos, engañados y sin confianza en lo que tiene como opciones electorales a menos en este 2025, la gente alberga la esperanza que otro tiempo y otros nombres se instalen en las marquesinas políticas lo más rápido posible.
Fuera de los sitios K y M en los últimos meses, hay bosquejos de nuevos tinglados políticos que se estarían conformando con recambio no solo generacional sino, sobre todo, en el compromiso que los gobernantes deben tener para con la sociedad a la que representarán.
Habrá que esperar que se concreten sin egoísmos internos, que los llevarían a fracasos que serían desalentadores para el conjunto social.
Epílogo
En Salta, a diferencia de otras provincias, estas elecciones legislativas nacionales tienen una propuesta que le garantiza a los salteños que quienes arriben al Congreso, van a ir a defender los intereses de la provincia y de ellos mismos por encima de fanatismos populistas y fundamentalismos derechistas que han relegado las necesidades no solo de esta provincia sino de todo el Norte Grande, por lo que es imprescindible que tanto al Senado como a Diputados lleguen hombres y mujeres que no traicionen a sus votantes atendiendo pedidos que les hagan sus jefes porteños para quienes lo esencial seguirá siendo cuidar sus intereses partidarios por sobre el de ciudadanos de provincias como Salta, que desde los inicios lo dieron todo y jamás se les reconoció tamaño esfuerzo y entrega.
Para eso Gustavo Sáenz, el gobernador, está recorriendo cada rincón del territorio provincial y hablando con los vecinos a fin de recordarles lo hecho durante sus gestiones, mientras los candidatos del «porteñismo» vuelven a pedirles el voto en nombre de Milei y de Cristina para seguir jodiéndoles la vida como lo hicieron hasta ahora.
Lo hecho por los diputados mileístas Carlos Zapata, Emilia Orozco y Julio Moreno en estos dos años, es una dolorosa muestra a los salteños de lo que significa estafarlos electoralmente, apoyando proyectos que golpearon duro a la provincia y a quienes se habían comprometido a cuidar.
Ahora, cuando los libertarios con los casos Libra, coimas de Karina en ANDIS; los negocios de los primos Menem con Banco Nación y las mentiras de José Luis Espert sobre su narco-amigo Fred Machado, más la timba financiera del ministro Luis «Toto» Caputo están dinamitando su credibilidad mostrando que son más de lo mismo y parte del problema y no de la solución que los argentinos necesitan, resulta urgente que a la hora de elegir lo hagamos en defensa propia superando el «síndrome de Estocolmo», que sería continuar votando por los candidatos de Milei o de Cristina.
Llegó la hora de entender que no sirve seguir dándole crédito a quienes desde el Congreso, y sin piedad, todos estos años nos estuvieron empujando permanentemente hacia el abismo.






