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La sabiduría en el uso de la mentira – Por: Daniel Salmoral

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En Diputados volvió a quedar en evidencia lo denigrado que están los ámbitos legislativos. Gritos, insultos y descalificaciones fueron lo que se escuchó en el recinto este jueves, desnudando la ignorancia de los protagonistas sobre el tema que debatían. Afuera, en la calle, las cacerolas anunciaron su regreso para advertir que las cosas no están bien. Escuchará el mensaje el Presidente?

DANIEL SALMORAL.- El mítico Café-Bar Los Tribunales fue lugar del encuentro casual de un grupo de dirigentes políticos de distintos partidos que a comienzos de la década del ’80, cada uno desde su espacio, trabajó denodadamente para la recuperación de la Democracia cuando la dictadura militar todavía gobernaba y sembraba terror en el país.

Ese conjunto dirigencial que por aquellos años militaban en la juventud de sus partidos y ahora más de cuarenta años después peinan canas o reniegan por la calvicie se preguntaban, viendo la sesión de la Cámara de Diputados en el debate por la Reforma Laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, si había valido la pena tanta lucha para ver ahora ocupando las poltronas legislativas a tamaña cantidad de hombres y mujeres que dejaron en evidencia su ignorancia y desprecio por lo que representa ocupar cada una de esas bancas donde se trataba un tema demasiado importante del cuál pocos sabían de qué se trataba.

«Es evidente que no tenían idea sobre la cuestión que estaban tratando. Salvo pocas excepciones, la mayoría estaba allí en bolas y con total impunidad se limitaban a seguir las instrucciones que les habían dado antes de entrar y se limitaban a leer lo que le habían escrito, como quedó en evidencia cuando el miembro informante Lisandro Almirón, de La Libertad Avanza, presidente de la Comisión Legislación del Trabajo, leyó descaradamente la cartilla que tenia en sus manos cosa que está expresamente prohibido hacer, sin autorización, en cualquier ámbito legislativo», marcó uno en la mesa.

Lo hecho por este diputado libertario fue solo una muestra de la escasa formación intelectual y política que tienen buena parte de los ocupantes de los sillones legislativos de las distintas bancadas, pero en especial los de LLA.

Los insultos a cara descubierta entre unos y otros mostró la falta de respeto al Congreso del que forman parte y sobre todo a los ciudadanos que con sus votos los llevaron a ese lugar.

Las «avivadas» y el «descuidismo» descarado también formaron parte de este catálogo de fallas que los Honorables Diputados de la Nación le brindaron a los ciudadanos propios y del mundo, quienes no pueden creer que la Republica Argentina y su sociedad estén en manos de este grupo de hombres y mujeres que lo único que saben y mucho, es aprovechar el golpe de suerte que los llevó allí.

Darwinismo al revés

«Mirando a quienes están en las bancas del Senado resulta doloroso y genera mucha bronca recordar que por ese recinto, alguna vez, pasaron figuras de la talla de Domingo Faustino Sarmiento, Lisando de la Torre, Alfredo Palacios, Elpidio González y Raúl Alfonsín, entre otros», coincidían en señalar a la vez que sostenían que la política argentina, desde el año 1983, vive un acelerado proceso de involución permanente.

Ya en años anteriores, desde estas columnas, se señaló que «los recintos legislativos sufrían un acelerado proceso darwiniano a la inversa» y no hubo equivocación.

También viendo y escuchando los papelones que protagonizaron legisladores de una y otra bancada el pasado jueves, algunos recordaron el tan mentado «recambio generacional» que se exigía a los partidos políticos años anteriores, diciendo que nunca pensaron que ese reemplazo traería a los actuales ejemplares que lo único que han logrado hasta ahora, fue ahuyentar de la política a una parte considerable de la sociedad ya saturada de inútiles, mentirosos y arribistas, que en los últimos tiempos han poblado despachos oficiales y recintos legislativos, solo para obtener beneficios personales disfrazados de dirigentes políticos.

«Si sabíamos que era para llegar a esto, la lucha que hicimos con tanto compromiso cuando éramos jóvenes donde lo arriesgamos todo creo que lo habríamos pensado un poco más», lanzó uno de ellos mientras otro agregó que el «nadie sabe para quien trabaja» aplica muy bien en este caso por lo que resulta preocupante y desgarrador porque todo indica que lo que viene será peor.

Con partidos políticos al borde de la extinción y sin lugar para la formación de los otrora famosos «cuadros políticos», el sistema democrático, la República y la sociedad en su conjunto, agotan la esperanza en un futuro mejor para todos y dinamitan el porvenir de las nuevas generaciones.

El pragmatismo, el uso de la mentira y el descaro de muchos, son el reemplazo actual de lo que antes era la imperiosa necesidad de la formación política, intelectual y técnica para ocupar los sagrados sillones legislativos.

Los fueros, hoy tan odiados por los ciudadanos de a pie, se dieron para proteger a luchadores por las necesidades de todos, mientras ahora solo sirven para evitar que delincuentes comunes vestidos con ropaje de hacedores de leyes, respondan por sus actos de corrupción y terminen donde deben terminar que es siendo «carne de presidio».

Epílogo

Como en el Senado días atrás, otra vez la cúpula del poder libertario con Karina Milei, Manuel Adorni y Diego Santilli celebraron desde el palco legislativo la aprobación de la Reforma Laboral que, la mayoría de los entendidos en el tema, coinciden en señalar que solo empeorará las condiciones del trabajo en Argentina.

Los diputados en tanto, desde sus bancas, tributaban como en la antigüedad los siervos a los señores feudales lo que acababan de aprobar y conformaban una patética postal de lo es hoy la Democracia en nuestro país.

El regreso a las calles de las cacerolas en algunos barrios porteños y también en ciudades del interior mientras la ley se trataba, debería ser un llamado de atención para Javier Milei y su gobierno.

Ahora, sería útil que alguien le recuerde al Presidente eso tan sabio que dice: «Se puede mentir a todos poco tiempo». «Se puede mentir a pocos todo el tiempo». Lo que no se puede hacer es «mentir a todos todo el tiempo»…