El gobernador de Salta es el sexto invitado del ciclo Cara a Cara de Clarín. Toma distancia de Cristina Kirchner y Sergio Massa, pero también critica al Gobierno. «Le mienten a la gente cuando dicen que no hay internas».
DANIEL SALMORAL.- Gobernador de Salta desde 2019, Gustavo Sáenz se consolidó estos últimos años como uno de los jefes provinciales de mayor diálogo con el Gobierno nacional.
Peronista de origen, promueve un armado federal que le de más representatividad al interior del país y se despacha con críticas al kirchnerismo, del que se diferenció apenas asumió el poder como conductor de un partido independiente a nivel local.
De eso, y también de las internas del mileísmo, habla en el sexto capítulo de Cara a Cara, el ciclo audiovisual de entrevistas que se publica de manera semanal en Youtube y la web de Clarín.
-Dicen en la política que Usted se lleva bien con todos…
-Debería ser normal, sobre todo para aquellos que tenemos la responsabilidad de gobernar, tener buena relación con quienes están al frente del Ejecutivo nacional. De hecho, he tenido buen diálogo con todos los presidentes. Es mi forma de ser y no la voy a cambiar para nada, porque el diálogo es fundamental.
-Hace poco se sacó una foto con Victoria Villarruel. ¿Se metió en un lío con el Gobierno?
-Pero eso sería un problema de ellos, no mío. Yo soy un hombre que gobierno una provincia: si la vicepresidenta va a la manifestación de fe más importante que hay en Salta, que es la procesión del Señor y la Virgen del Milagro, yo la recibo, como lo hago con todos, por una cuestión de educación.
-¿Ha tenido quejas, entonces?
-En mi vida política he tenido muchos sinsabores. Me han presionado en muchos sentidos, a mí, y a otros gobernadores, con el famoso «látigo y billetera», que existió siempre desde Nación hacia las provincias. Lo implementaron todos los gobiernos. Por ejemplo, en el intento de juicio contra la Corte Suprema que llevó adelante el gobierno de Alberto Fernández, a varios gobernadores nos amenazaron para que firmemos a favor y yo, con otros tres, no lo hice. Ahí nos dijeron que nos iban a dejar sin obras.

-¿Sigue existiendo ese látigo y la billetera de Nación?
-Lamentablemente sí, porque hay un federalismo mal entendido. Hoy se entiende como el reclamo constante por plata, por ATN, por rutas, por obras. Yo no considero eso un reclamo, para mí el federalismo es progreso. Desde el año ’94 se debió modificar el esquema de coparticipación, con criterios objetivos, pero hasta el día de hoy no se dio. Entonces se va emparchando con pactos fiscales de distintos gobiernos nacionales: «Te doy esto, sacamos lo otro». Son parches nada más.
-¿Dios sigue atendiendo en Buenos Aires? ¿O cambió algo?
-Eso fue siempre así. Mi viejo decía que el mejor médico era Aerolíneas Argentinas. Desde que nació la Patria, se ha privilegiado a algunos lugares y algunos sectores y se ha desprotegido a otros. Ahora el norte argentino tiene todo lo que el mundo demanda y entonces ya hay una mirada distinta hacia nosotros, por eso adquirimos mayor fuerza. En tiempos de oportunidad tenemos todo: minerales críticos, energía, alimentos y economía del conocimiento. Los mercados de Asia nos miran con mucho cariño, pero atrás de eso hay un problema que tiene que ver con la confianza y la seriedad en el país. ¿Cómo se explica que Chile, Uruguay o Paraguay tengan un Riesgo País de 100 puntos y nosotros de 450? Si la macroeconomía está estabilizada, si la inflación está contenida, ¿por qué no vienen las inversiones?, ¿por qué desconfían? Porque nos mostramos como un país poco serio.
-¿Argentina es vista así en el mundo?
-Sí, porque vivimos de elecciones en elecciones. Está esa famosa frase que dice: «el que gana gobierna, el que pierde acompaña». Es una gran mentira. El que gana gobierna como puede, y el que pierde no acompaña. El que pierde conspira, impide, no deja salir adelante, no acompaña las leyes. Es muy difícil que estemos discutiendo constantemente a Adam Smith, o si somos marxistas.
-¿Cómo lo ve a Milei a casi tres años de asumir?
-Como dije, la macroeconomía está estabilizada, la inflación también, pero las inversiones no llegan. Entonces la gente empieza a decir: «Con eso no se come, no se cura, no se educa, no se consigue trabajo. ¿hasta cuándo esperamos?». Porque la gente no quiere volver al pasado, pero tampoco significa que esté conforme con el presente. Dentro de poco ya no se va a hablar de estabilización, se va a hablar de falta de trabajo. La dirigencia política está discutiendo candidaturas mientras a la gente le interesa saber cómo va a llegar a fin de mes. Si la microeconomía no empieza a funcionar, el clima social va a ser mucho más duro.
-¿Qué mirada tiene sobre los ataques del Presidente a la prensa o la oposición?
-Nosotros somos algunos de los que hemos soportado esto: los insultos y su forma de ser. A mí me costó entenderla, de hecho he hablado con muchos amigos en común con el Presidente y me dicen que él es así. No está mal, pero yo no lo haría. Yo soy un hombre completamente respetuoso y de diálogo. Yo creo que la política es el arte de dialogar y construir consensos y eso se hace muy difícil desde la intolerancia.

-¿Cree que el Gobierno explicó la situación de Manuel Adorni en la causa que lo investiga por corrupción?
-Se dejó pasar mucha agua bajo el puente, no se explicó en tiempo y forma como debería haber sido. Hubo muchos casos más fuertes y relevantes que este, pero este tema lo entendía Doña Rosa, y por eso golpeó fuerte
-¿La llegada de Santilli como jefe de Gabinete sirvió para descomprimir?
-Creo que se han empezado a modificar algunas cuestiones. Yo siempre planteé que era muy difícil trabajar con este gobierno, porque tiene sus internas y dependiendo el lugar, tenés que hablar con el secretario, con el subsecretario, con el director…
-En el Gobierno dicen que no hay internas…
-Decir eso es mentirle a la gente y mentirnos a nosotros mismos. Las internas existen en todos los gobiernos. Están aquellos que piensan que tener un poco más de poder significa agarrar una dirección más o una subsecretaría. En este caso, con Nación, pasaba que nadie decidía nada, pero también empezamos a ver que era una metodología del Gobierno como para ir pateando las cosas y seguir ahorrando tiempo en la negociación.
-¿Eso no pasa hoy? ¿Se ordenó un poco?
-Se está ordenando de a poco. Todavía quedan muchas cosas por resolver y nosotros vamos a seguir insistiendo para hacerlo.
-¿Hay mucho de fantasía respecto a los temas que hablan en las reuniones entre gobernadores y el Gobierno?
-Hay muchas especulaciones. Cuando yo me reúno con el jefe de Gabinete o con el ministro de Economía lo que quiero es llevarme soluciones para mi provincia. Poco me interesan las PASO, pero sí me interesa que en el presupuesto se incluyan cuestiones que tienen que ver con mi provincia. Esos son temas de agenda nacional y lo que nosotros venimos a traer es nuestra agenda provincial. Les decimos: «Ustedes tienen estas necesidades, nosotros tenemos estas».

-También hay un relato de que en el Interior se vive mejor que en Buenos Aires.
-Yo estoy seguro que en Salta se vive mucho mejor que en Buenos Aires. Pero la vida y las problemáticas son completamente diferentes. Aquí una persona se queda sin trabajo y pone su auto como Uber para llevar la comida de cada día a su casa. En una provincia como Salta, que es una geografía grande y que tiene parajes alejados, cuando cierra una PYME o una empresa, alguien se quedó sin trabajo y realmente se quedó sin trabajo. O sea, no tiene otra forma de salir. No hay mercado para Uber.
-¿Dónde se ubica dentro del peronismo actual?
-Han pasado tantas cosas con el peronismo, lo han destrozado tanto. Yo siempre digo que el kirchnerismo se apropió del peronismo y hoy en día la gente no distingue entre los dos. Lo mismo ha pasado con el radicalismo y con el PRO, que se había apropiado del radicalismo, y ahora está pasando con La Libertad Avanza, que se quiere adueñar del PRO. Parece que es una metodología que tienen los gobiernos. Yo nunca estuve en el kirchnerismo, nunca fui parte. Por no coincidir en muchísimas cosas y porque el peronismo es la trinchera que tiene el kirchnerismo, que lo convirtió en una PYME familiar y de amigos, desde la que intervienen a los partidos justicialistas en las provincias que no coinciden con ellos. El kirchnerismo para mí se ha ocupado de captar al peronismo, y por eso hay muchos peronistas que se fueron. Son dos cosas absolutamente distintas. Yo no pienso en los gerentes de la pobreza, en que dar subsidios es la solución; pienso que hay que dar trabajo genuino, creo en la movilidad social, en la justicia social, en ese peronismo.
-¿Hay otros gobernadores peronistas que piensan igual?
-Somos varios los que planteamos que tenemos buscar una alternativa federal, que tiene que ver con eso, con sentarnos en una mesa a discutir un modelo de país donde estén incluidas todas las provincias y el país en general.
-Usted está hablando del armado para 2027, ¿no?
-No, para hablar de candidaturas y de 2027, primero tenés que tener un plan de gobierno. Yo he visto lo que ha pasado con Provincias Unidas, que fue un grupo de gobernadores que todos querían ser candidatos a presidente… eso nace del consenso, de crear una alternativa que no se muestre fundamentalista. Que diga que no es de extrema derecha pero tampoco de izquierda. Somos dirigentes políticos con sentido común, con criterio, y queremos que a la Argentina le vaya bien.
-¿Dentro del kirchnerismo hay que ubicar también a Sergio Massa?
-Hoy sí.
-Usted ha trabajado con él en política.
-He trabajado con él y hemos compartido fórmula presidencial en 2015. Pero era la época en la que él entendía «basta de Cristina eterna». Es un hombre con un potencial político muy grande. De política podemos discutir, pero no mientras sea parte del espacio del kirchnerismo. Mi límite es ese: el kirchnerismo pretendiendo ser dueño del peronismo, sin aceptar un pensamiento distinto.
-¿Axel Kicillof también es parte del kirchnerismo aunque parezca querer diferenciarse?
-Hoy la gente lo asocia con el kirchnerismo. Sus aspiraciones presidenciales, como las de otros dirigentes, son legítimas. Después es la gente la que decide.

Su posición sobre las PASO y el tratamiento del Presupuesto en el Congreso
El rol de Sáenz fue importante en las últimas semanas, logrando consenso entre senadores salteños para que acompañaran al Gobierno en la aprobación de la Ley de Inocencia Fiscal II.
Más allá de cuestionar a Milei en temas puntuales, el salteño sigue siendo parte del bloque de dialoguistas, clave para que la Rosada pueda avanzar con iniciativas en el Congreso.
«Se nos está haciendo difícil la situación de conversar con el Gobierno cuando vemos que en todos lados todos están de campaña«, sostiene el gobernador, y suelta una chicana.
«¿Cómo puede ser que en Salta eliminamos las PASO y en ese caso los libertarios olmedistas (por Alfredo Olmedo) votaron en contra? Ahora nos piden que votemos a favor, en este caso. Nos dejarnos a los gobernadores en una situación compleja», compara la diferencia de criterios entre la agenda provincial y la nacional.
En una alusión directa a La Libertad Avanza en Salta, Sáenz habla de «una hipocresía política muy grande» de parte de la política, que priorizan la personal por sobre «el proyecto que impulsa su Presidente».
En sus ratos libres, Sáenz mira los partidos de Boca, club del que es hincha, hace gimnasia, bicicleta y canta, una de sus grandes pasiones.
Pero la política le consume casi todo el tiempo: «Duermo muy poco, para mi no hay feriados y mis funcionarios lo saben». Entre los gobernadores, destaca al catamarqueño Raúl Jalil como alguien que tiene «amigos en todo el mundo» y lo elige, entre risas, para irse de vacaciones.
Fuente: Clarín





