Lo que quedó de Alberto, lo que queda de Cristina – Por: Carlos M. Reymundo Roberts

Todo está raro desde la frustrada intentona emancipadora de Alberto…

DANIEL SALMORAL.- Acaban de informarnos que en el país hay dos millones de desocupados, pero no sabemos si la cifra incluye a Alberto Fernández. En lo formal, el Presidente tiene empleo, y empleador, o empleadora; lo que no tiene es trabajo. Lo más relevante del golpe palaciego de la semana pasada es que al querido profesor le dijeron que se merecía un descanso. La primera reunión del nuevo gabinete no fue presidida por él, sino por Manzur. Claro: ese día, Manzur llegó a la Casa Rosada a las 7 de la mañana; Alberto, a las 11, en helicóptero. Es infinitamente más caro ir en helicóptero que en auto, pero hace bien: a la hora que sale de Olivos, el tráfico en Libertador es un infierno. Y qué sentido tiene llegar temprano para mirar el techo. Más que vaciarlo de poder, le vaciaron la agenda. Él se inventa actos de campaña en el conurbano, siempre custodiado por Kich&Love; actos tristones, para inaugurar veredas o macetas, en los que Cortacintas discursea enojado. Cambie el semblante, profe, que va a ser padre. De paso, desmiento que en caso de ser una mujer se vaya a llamar Cristina; el nombre que tienen pensado es Florencia.

Todo está raro desde la frustrada intentona emancipadora de Alberto, que tuvo sello de autor: desvalida, actuada, efímera. Las revoluciones se hacen con fuego, no con luces de colores. Cuando se vio solo, sin ella, se asustó. Lo bien que hizo. Pero desde entonces pasan cosas que no resultan fáciles de explicar. Con la cantidad de barrabravas que hay en el país, ¿por qué inclinarse por Aníbal? Su primera declaración como ministro fue que Lilita es sucia; en el ranking de anibaladas, la pondría bien arriba. Alberto Rodríguez Saá calificó de ultrajante la carta de la vicepresidenta contra Alberto, y ella, en privado, le elogió la capacidad de síntesis. ¿Manzur? Impresionante presencia y dinamismo, sospecho que para no ser menos que su antecesor, Cafieritito; se diferencian en que Cafieritito no iba por los pasillos poniéndole bombas al Presidente. Manzur –cacique norteño que, me aseguran en Tucumán, llega holgado a fin de mes– hizo saber que se propone dar buenas noticias todos los días; por ejemplo, que Cristina descansa en el sur, que Fabiola está embarazada (¡por fin algo que no pueden atribuir a Macri!) y que gracias al levantamiento de las restricciones sanitarias vuelven las fiestas a la residencia de Olivos; ah, y que se siente muy cómodo en un gabinete con tan pocas mujeres.

La mejor noticia, por supuesto, es que la máquina de imprimir billetes no se ha atascado. Está haciendo horas extras para atender un mercado electoral muy demandante; solo le falta imprimir dólares. Observadores de todo el mundo llegan al país para ver el milagro argentino: una economía arruinada que súbitamente se vuelve próspera. La doctrina Gollán, según la cual “con un poco más de platita en el bolsillo” se arreglan todos los pesares, es furor. En cualquier momento hacen una fogata con el último libro de Mariano Gorodisch, La guía universal del ahorro. Allí donde hay una necesidad de votos, allí va un camión de caudales. Jubilaciones, salario mínimo, planes, subsidios, moratorias. El Gobierno ahora sí tiene un plan económico: el Plan Piñata.

«La mejor noticia es que la máquina de imprimir billetes todavía no se ha atascado»

“No podemos ‘amarretear’”, clamó ayer el camporista Larroque. ¿Le pedíamos transparencia al kirchnerismo? Nunca se mostraron tan desembozadamente francos. ¿Cuánto faltará para que uno se anime a decir “hay que comprar los votos, cueste lo que cueste”? Qué chambón soy: ya lo están diciendo.

En materia educativa, el Gobierno puso rápidamente en marcha el Plan Larreta: escuelas abiertas y clases los sábados, domingos y fiestas de guardar; en política agropecuaria avanza el Plan Macri: canonización del campo y de los chacareros, y exportar toda la carne que se pueda; para combatir la inseguridad están buscando en los cajones por si quedó alguna copia del Plan Bullrich. Todo eso por dos meses. Cristina les prometió que durante esos dos meses será, o intentará ser, simpática, dulce, amigable: el Plan María Eugenia.

Cuando las piñatas se rompen, los chicos se tiran arriba de los dulces y ninguno corre a decirle gracias al del cumpleaños. Los argentinos no deberíamos hacer lo mismo con la lluvia de dones que estamos recibiendo. No los votemos, pero seamos agradecidos.

No sé si me estoy adelantando a los tiempos, pero veo síntomas de final de época. Al peronismo histórico le hierve la sangre, y cuando habla de la peste no está pensando necesariamente en el Covid. Incluso la mismísima infalibilidad de Cristina dejó de ser un dogma de fe en la grey kirchnerista. Iba a poner de ejemplo lo que Massa, en un descuido, les dice a sus amigos, pero escribo Massa y el algoritmo me remite una y otra vez a declaraciones que hizo antes de esta última reencarnación. Máximo, reservadamente, chatea con impuros, toma cierta distancia y da señales de querer parecerse más al padre que a la madre. ¿Se lo imaginan desafiándola? “Mamá, si querés gobernar, armá un partido y ganá las elecciones”.

Sí, estoy yendo demasiado rápido y demasiado lejos. Apenas han perdido las PASO. Apenas hay un gobierno fracturado. Apenas estamos en penumbras.

Fuente: La Nación

 

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