La encrucijada que enfrenta el país – Por: Héctor M. Guyot

Fiel a su papel, el Presidente abraza la contradicción. Esta jugada, que incluye una comisión de «notables» de mayoría peronista con voto cantado en la que reviste el abogado defensor de la vicepresidenta, es la expresión extrema de los males que dice combatir.

DANIEL SALMORAL.- En las ambulancias de José C. Paz venden «falopa» y el intendente los cubre. Son palabras del propio Mario Ishii, que el país escuchó a través de un video que se hizo viral. Ishii dijo que fue mal interpretado y recibió el apoyo de sus compañeros peronistas. Carlos Bianco, jefe de Gabinete de Kicillof, dijo que las expresiones del intendente «fueron sacadas de contexto». ¿Qué contexto? «Ishii trabaja de sol a sol», lo defendió. Tal vez ese sea el problema. Hay aquí muchos funcionarios de cuyo merecido descanso todos nos veríamos beneficiados.

Un caudillo bonaerense, en un extremo, y el presidente de la Nación, en el otro, han subestimado esta semana la inteligencia de la gente al pretender tapar lo evidente con palabras en las que pocos creen

La anécdota, otra página del grotesco criollo, ilustra la relación entre los hechos y el relato, al que el kirchnerismo le pide demasiado. Un caudillo bonaerense, en un extremo, y el presidente de la Nación, en el otro, han subestimado esta semana la inteligencia de la gente al pretender tapar lo evidente con palabras en las que pocos creen. Aun así, este es un país generoso en el que todo, incluso el simulacro más flagrante, se analiza sesudamente. Un signo de debilidad que fortalece al engaño: cuando se accede a hablar de contextos e interpretaciones ante la literalidad más grosera, el relato adquiere eficacia para diluir la verdad de los hechos e instalar la mentira.

En esto el kirchnerismo ha sido hábil. Ha repetido el truco una y otra vez. Esconde sus objetivos tras intenciones nobles y suma incautos a la comparsa. Así avanza. La ingenuidad de una parte gravitante de la opinión pública permitió la vuelta al poder de Cristina Kirchner. No bastaron López y su bolso millonario, el festival de dólares y whisky de La Rosadita, las confesiones de funcionarios y empresarios sobre la industria de la coima, el vamos por todo. ¿Será distinto esta vez? ¿No es acaso Alberto (así, con su nombre de pila) un hombre de diálogo? ¿La sabrá contener? Estos interrogantes, repetidos hasta el hartazgo en los medios hace exactamente un año, prepararon el terreno para el resultado de las PASO. ¿Había entonces alguna duda de que las cosas serían, pacto electoral mediante, tal como se están dando ahora?

Pero aquí estamos otra vez, analizando pros y contras de una reforma judicial lanzada en medio de una pandemia y discutiendo sobre el número de jueces que debe tener la Corte Suprema. Es decir, a punto de caer de nuevo en la trampa. «¿Qué hice yo ayer? Abrí el debate», dijo Alberto Fernández el jueves, ensayando el canto de sirena para que la oposición pique y se sume como actor de reparto a una comedia dramática de final trágico, ya escrito: la muerte de la Justicia independiente. El trazo grueso de la guionista refleja la magnitud de los delitos que deben quedar impunes.

Fiel a su papel, el Presidente abraza la contradicción. Esta jugada, que incluye una comisión de «notables» de mayoría peronista con voto cantado en la que reviste el abogado defensor de la vicepresidenta, es la expresión extrema de los males que dice combatir. No busca ya la injerencia del poder político sobre la Justicia, sino la sumisión de la segunda al primero. En nombre de su salud, el Gobierno pretende darle el tiro de gracia al moribundo para entregar su cabeza a quien hoy ejerce el poder real y se niega a responder por sus actos.

Como dijeron algunos diputados de la oposición, el Gobierno y sus funcionarios parecen concentrar sus mejores esfuerzos en un gran operativo de encubrimiento. Para el cual piden, muy democráticamente, acompañamiento. La «ancha avenida del medio» apela al relato de los dos extremos, pero la delata el GPS de sus actos. Con un voto clave en el Consejo de la Magistratura, Graciela Camaño permitió que se proceda a revisar el traslado de jueces que no entienden que a Cristina Kirchner ya la juzgó la historia. Así, le dio impulso a la trama y quedó integrada al guion oficialista.

Para dar verosimilitud al relato, el Gobierno necesita que independientes y opositores dejen de lado las urgencias y se sumen al tratamiento del proyecto. Pero ¿tiene algún sentido entrar en el juego y discutir una reforma viciada de origen? Del efecto que eso tendría no hay duda: convalidaría el simulacro y habilitaría la operación. El sometimiento de la Justicia, objetivo de la vicepresidenta, abre la puerta no solo a la impunidad y la venganza, sino también a los sueños de eternidad. Esta es la encrucijada que el país enfrenta.

El actor Oscar Martínez seguramente interpretó el sentimiento de muchos cuando, con hartazgo y dolor, dijo que el resultado de las PASO le había hecho perder las esperanzas. «Las mafias y la corrupción son la verdadera pandemia de este país», describió. Sin duda, desde las PASO regresaron cosas que creímos parte del pasado. Pero también hemos visto el surgimiento de una sociedad más despierta y activa, que no acepta la mentira y que se hace oír cuando defiende los presupuestos de una vida digna. La guionista hizo un buen casting, pero dejó afuera a actores que reclaman participación y pueden llevar el curso del drama hacia un desenlace todavía no escrito.

Fuente: La Nación


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