Dios salve a nuestra reina, y a nosotros – Por: Carlos M. Reymundo Roberts

¿Sabag Montiel no habrá jugado al fútbol en la quinta de Macri? ¿El comisario Diego Carbone, amigo íntimo de la vice y jefe de su custodia, no será un quinta columna al servicio de Larreta?

DANIEL SALMORAL.- Se nos fue, a los 96 años, Isabel II, “soberana del Reino Unido, jefa de las 54 naciones del Commonwealth, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, defensora de la fe, señora de la isla de Man, duquesa de Normandía y duquesa de Lancaster”. Muerta la reina, ¡viva la reina! Apenas cambiando Reino Unido, Commonwealth, Man, Normandía y Lancaster por Tolosa, El Calafate, Instituto Patria, Senado y Recoleta, los títulos honoríficos son muy parecidos. Despedimos a Elizabeth II y coronamos a Cristina Elisabet I, que pronto sentará sus reales en un barrio con más glamour que Uruguay y Juncal; tipo Congreso o incluso La Matanza, y no descarta Olivos. Lástima que The Economist, la gran revista inglesa, la haya recibido tan mal. Acaba de decir que “el tablero se dio vuelta” y que la monarca argentina podría ser condenada por corrupción. Bueno, lo leí en inglés: capaz que no entendí bien.

Se pueden trazar otros paralelismos entre las dos reinas. Entrevistada ayer por la televisión en Londres, una señora recontra british describió así a Isabel: “Dirigió este país con gran reverencia, deber, respeto y honor”. Dos gotas de agua. Se calcula que la fortuna de Elizabeth II asciende a unos 500 millones de euros. La de Cristina Elisabet I es incalculable.

En cuanto a The Economist, debería ocuparse de las cosas realmente importantes. Se le escapa que el atentado de hace 9 días ha puesto de relieve lo salvaje que puede ser la fractura política y social de la Argentina (la fissure, en la lengua de la revista pirata): basta que una facción –la de medios, opositores y jueces– pregone el odio hacia la otra para que un vendedor de copos de azúcar enloquezca, tome una pistola y le dispare a Cristina. Como denunciaron las voces más lúcidas del kirchnerismo, empezando por Alberto y siguiendo por Kicillof, las armas no las carga el diablo: las cargan Lanata, Patricia Bullrich y el fiscal Luciani. ¿Qué esperan la jueza Capuchetti y el fiscal Rívolo para ir por los autores intelectuales? ¿Sabag Montiel no habrá jugado al fútbol en la quinta de Macri? ¿El comisario Diego Carbone, amigo íntimo de la vice y jefe de su custodia, no será un quinta columna al servicio de Larreta? Cuando la investigación avance y los peritos de tan poca pericia, al mando de Aníbal Fernández, retrocedan, todo esto sin duda irá saliendo a la luz. Con lo cual es realmente magnánima la invitación que Wado de Pedro les hizo a líderes de Juntos por el Cambio para que asistan a la misa “por la fraternidad entre los argentinos” convocada por la Iglesia, que se celebrará hoy en la Basílica de Luján. No se sabe quién va a ir, pero la idea de Wado, genial, es reunir en primera fila a los principales contendientes, una forma de obligarlos a darse el saludo de la paz. Estarían intercalados: Cristina, Macri, Alberto, Lilita, Kichi, Patricia, Máximo… A Macri lo pone en el medio para que Cris y Alberto no se vayan a las manos.

Me tomé el trabajo de averiguar por qué la brutal desprotección que permitió el ataque de Sabag Montiel no ha sido sancionada. No entendía cómo seguían en sus puestos Aníbal, Carbone y los 110 policías de la Federal que la custodian, merecedores del sector más caliente del infierno. Hasta que hablé con una alta fuente de la Casa Rosada: “La seguridad de Cristina está a cargo de… Cristina. De ella y su amigo Carbone. Imaginate que si hubiese sido responsabilidad de Aníbal, ese mismo día volaba”. Ah, mirá vos qué picarones. Ahora entiendo todo. Y yo que le estaba echando la culpa a la lapicera sin tinta de Alberto. El odio puede explicar el atentado, pero tampoco la cuidan los que la quieren, ni se cuida ella. Hizo sacar las cámaras de seguridad de Uruguay y Juncal. Después, las vallas. Picarona, picarona su majestad.

En el Gobierno imaginan ahora una especie de diálogo con la oposición, bajo la consigna de que es necesario pacificar el país. Pero no está fácil. ¿La oposición? No, el Gobierno. Después de googlear “diálogo”, Wado inició las gestiones y al rato fue desautorizado por la vocera Cerruti: parece que Alberto no estaba al tanto; es decir, su estado natural, como la cigüeña lo trajo al mundo. Wado es Cristina, y resulta que a Cristina le hablan de la oposición y de diálogo y le brota un sarpullido. La única charla que el kirchnerismo está promoviendo es el adoctrinamiento en colegios secundarios, con un instructivo inspirado en la viñeta de Rep en Página 12: “Yo odio, tú odias, él odia, nosotros odiamos, vosotros odiáis, él gatilla”. A La Cámpora le gustaría que ese texto estuviera en la liturgia de la misa de hoy. En Juntos por el Cambio, víctima también de graves fissures, están expectantes: no saben si va a llamar Wado con un laurel o el senador Mayans para declararles la guerra. De paso: Mayans contó lo que le había dicho Cris sobre el atentado; que se salvó gracias a una “protección divina”. Lógico, es lo que cantaba ayer la militancia en Uruguay y Juncal: “God Save the Queen”. Dios salve a la reina.

¿Quién nos salvará de ella?

Fuente: La Nación

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